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24 Jul 2018

Ser el ejemplo con tu propia felicidad

El mejor regalo que puedes hacer a tu hijo es el ejemplo de tu propia felicidad.

En este artículo para la Revista EDBO nº6 Especial Infancia, María Velichko, biopsicoterapeuta y formadora en Descodificación Biológica Original, hace una bonita y profunda reflexión sobre la importancia del ejemplo de los padres en la vida de sus hijos.

Ser el ejemplo con tu propia felicidad

Por María Velichko


En los tiempos actuales, cuando el mundo cambia con tanta velocidad, existe una necesidad imperiosa de actualizarnos como padres. Cada día tenemos que reaprender para adaptarnos al mundo exterior. Para ello necesitamos revisar nuestro interior y asegurarnos de que…. somos felices.

Nuestros hijos no aprenden de nuestras palabras, aprenden de lo que hacemos. Si no somos felices y además tenemos hijos, surgen graves problemas de relación entre padres y niños. Y entonces los niños no son felices. La influencia de nuestras palabras es mínima, influimos con el ejemplo de cómo vivimos y actuamos.

Todos somos herederos de nuestra infancia.

Para ser felices en el presente necesitamos sanar las heridas y resolver los conflictos del pasado. Además necesitaremos re-aprender a pensar felizmente según nuestra nueva realidad.

Las heridas de nuestra infancia no sanadas van a aparecer una y otra vez si no encontramos la posibilidad de sanarlas. Por ejemplo, si nos pegaban nuestros padres, cuando tengamos a nuestros hijos tendremos una tendencia a pegar o a ser agresivos con ellos. Es el mecanismo de defensa de una agresión que va a saltar cada vez que nos vamos a encontrar en una situación parecida a la de nuestra infancia. Estaremos ya en el lugar del padre pero automáticamente actuaremos como nuestros padres actuaban con nosotros.

Para dar un ejemplo: ¿conoces a alguna persona que esté continuamente en la emoción del enfado o de la rabia?

Piensa que es su máscara que le defiende de una herida producida hace muchos años y que todavía no está sanada. Todo apuntaría a que a esta persona le trataron de manera injusta, desconsiderada o inadecuada en una situación que se parece en algo a la actual. O le ocurrieron hechos donde se sintió decepcionado, traicionado o engañado. Si una persona en la actualidad reacciona con vergüenza, seguramente le hicieron sentir sumiso, indigno y humillado en el pasado.

Así, por la emoción con la que vive una persona su vida podemos saber con qué defensa está actuando y qué herida, todavía abierta, está protegiendo.

Son básicamente 5 traumas o heridas los que existen: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Pero haciendo “un cóctel” de ellas a veces tenemos que sanar traumas muy complejos. Es un trabajo que enseñamos en nuestro curso que estará disponible próximamente de “Bienestar familiar: cómo lograr una relación sana entre padres e hijos.”

De la semilla de una margarita no puedes criar una rosa, pero sí puedes criar una margarita débil.

Con eso quiero decir que cada ser humano ya tiene un propósito y unos talentos al llegar al mundo. No los podemos cambiar pero sí ayudar a desarrollarlos en un ambiente estimulante. Con cariño y amor podemos proponer a nuestros hijos que prueben cosas variadas y elijan lo que les hace más felices. Siempre, enseñando a que se guíen por su emoción y sentimiento de felicidad. Cada minuto de nuestra vida es valioso y solo merece la pena vivirlo en la felicidad. Sin embargo, intentando hacer de un niño algo que no es, le haremos alejarse de su felicidad y su esencia.

Recuerda que tu hijo no puede compensar con su vida tus fracasos. Tu vida es para ti y es tu responsabilidad qué será de ella. También tu responsabilidad es cómo vas a criar y educar a tu hijo y qué grado de felicidad le vas a mostrar con tu propio ejemplo. El resultado se verá al cabo de unos 15-20 años desde la fecha de su nacimiento y entonces te lo agradecerás o no. No podemos deshacernos de las consecuencias que tiene una educación traumática. Pero en nuestras manos está reparar los traumas ocasionados ya sean por los demás o por nosotros mismos.

Nunca olvides que tu hijo no es responsable de tu buen humor. Lo eres tú. Y él también lo es de su humor si le enseñas actitudes sanas.

El mundo real pone los límites para tu hijo, no tú. Aprende cada día del mundo material. Cuanto más sepas de tu alrededor, más precisas van a ser tus enseñanzas. Más confianza sentirá tu hijo en lo que le enseñas. No temas decirle que hay reglas que no se cumplen siempre y hay excepciones.

Por ejemplo: es bueno que no cruce la calle con una luz de semáforo en rojo. Es una regla por seguridad de la gente. Pero la realidad es que hay gente que lo hace y no les pasa nada. Allí está la diferencia del mundo real y el que intentas establecer tú.

El mayor valor en la relación con tu hijo es la confianza de tu hijo en ti.

Nuestros hijos depositan su plena confianza en nosotros cuando nacen. Sin embargo, si a lo largo de su crianza les ocasionamos traumas y criticamos su forma de ser, vamos gastando esa confianza, malgastándola.

De allí salen los hijos que no disfrutan o no quieren saber casi nada de sus padres una vez son adultos. Eso va en contra de las leyes del sistema familiar que nos dicen que los padres siempre son un apoyo y fuente de amor para sus hijos. De allí en terapia nos encontramos con niños-adultos que sufren de las heridas de sus padres pero no les pueden pedir ayuda. Vienen a los terapeutas.

No hay niños y niñas, son hombres y mujeres ya, desde el primer día de su vida. Estaríamos educando a unos seres humanos felices. No habría traumas o los que habría se solventarían en el momento de vivirlos en la propia infancia. Simplemente por pedirles perdón del descuido sería suficiente.

Sin embargo, en su gran mayoría no ocurre así y por ello de momento tenemos cada vez a más clientes en las consultas terapéuticas. En nuestras manos de padres de una nueva generación está el sanar a nuestros hijos sanando nuestras propias heridas y volviendo a una vida feliz.


Este artículo forma parte de la Revista EDBO nº6 Especial Infancia.


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