(+34) 93 412 71 00 (+34) 636 29 46 29 info@institutoaw.com

Terapeuta
1 Sep 2017

9 cosas que deben ponerte en alerta como terapeuta

A continuación, te traemos tips para entender la importancia de trabajar la relación terapeuta-paciente. Si eres terapeuta, también te queremos acompañar para que observes el abordaje terapéutico que estableces en tu consulta con tus pacientes y ponerte en alerta cuando suceden actitudes como las descritas en el artículo. La autora es Carmen Hernández Rosety, terapeuta floral, y quiere establecer una conversación contigo para reflexionar acerca del Ser Terapeuta.

9 cosas que deben ponerte en alerta como terapeuta

por Carmen Rosety


Si eres terapeuta o acompañante de personas en procesos de crecimiento o de sanación seguro que te habrás preguntando alguna vez:

¿Qué puedo hacer para que el cliente, después de la primera sesión, se comprometa en un proceso terapéutico?
¿Cuál es el ingrediente fundamental que va a permitirle a esa persona el cambio o la comprensión de sus asuntos?

La relación terapéutica, la relación que establezcas entre esa persona y tú.

Lo auténticamente transformador y sanador de la terapia no es tanto la utilización de una técnica concreta o de una disciplina determinada como creemos muchos terapeutas al comenzar. Lo auténticamente sanador es la relación que se establece entre las dos personas que se encuentran en el espacio terapéutico, en ese espacio sagrado. Y dentro de ese espacio, es de vital importancia que el terapeuta reconozca y maneje los elementos que van a ir apareciendo en ese encuentro a lo largo de las sesiones. Conseguiremos que el paciente se comprometa en el proceso terapéutico.

¿Entonces, no es suficiente con que el terapeuta esté formado en una disciplina concreta y tenga buena intención, para que el proceso resulte exitoso?

No, además es necesario que el terapeuta tenga consciencia. Y esto es así porque cuando damos terapia, cuando acompañamos a otros en sus asuntos, ponemos en marcha sin darnos cuenta toda nuestra personalidad mecánica, todos nuestros mecanismos automáticos inconscientes.  Y si no los manejamos adecuadamente, vamos a contaminar la relación terapéutica.

¿Pero… yo como terapeuta puedo estropear el proceso del paciente? Por desgracia, sí.

Frecuentemente, el paciente aborta el desarrollo de la terapia porque no se siente a gusto en el espacio. En ocasiones, no sabe decir qué es lo que le dificulta continuar pero se marcha. En otras ocasiones sabe que tiene que ver con el terapeuta pero no se atreve a verbalizarlo y abandona dando otros motivos.

Te lo explicaré más ampliamente con un ejemplo:

El terapeuta X, en su vida cotidiana, no es capaz de dejarse sentir la tristeza o transitar el dolor que le produce una pérdida. Esto tiene que ver, obviamente, con su propia biografía y con una serie de mecanismos que desarrolló durante sus primeros años de vida para sobrevivir a lo que estaba sucediendo en su entorno más cercano.

A este terapeuta X, cuando algo le duele, lo que suele hacer es enfadarse o ponerse a hacer muchas cosas, ambas maneras de evitar la tristeza. Pero el terapeuta X, no es consciente de que se maneja así con la tristeza y el dolor, no sabe que tiene estos mecanismos establecidos.

Imaginemos que a este terapeuta X le llega un cliente en un proceso de duelo o tristeza, pongamos que acaba de separarse…

¿Qué hará este terapeuta?

Probablemente, evitar que la persona se sienta triste o se sumerja en el dolor interrumpirá la experiencia de su cliente sin, además, darse ninguna cuenta de ello.

¿Cómo lo hará?

De diversas maneras, puede que no deje al cliente llorar o que no le deje llorar más de ciertos minutos, puede que corra a abrazarlo por lástima. Puede que intervenga con frases del tipo “Si esa persona te ha dejado, es que no era para ti”, “No sabe lo que se pierde”… O puede que no permita a la persona marcharse triste a su casa,  por poner algunos ejemplos.

Lo que está haciendo este terapeuta, en realidad, es despojar a su paciente de una experiencia de autorregulación sana.

Las emociones existen para algo. Y la tristeza está para ayudarnos a soltar, a despedirnos, para facilitarnos el proceso de aceptación de ciertos acontecimientos que nos suceden en la vida como la muerte de un ser querido, el final de una relación, un despido… Acompañar a un paciente a vivir su tristeza, sosteniéndole respetuosamente mientras tanto, es algo muy grande y sanador para el paciente.

Aunque claramente, un terapeuta no puede ofrecer a un paciente una experiencia que el mismo, como persona, no es capaz de transitar en su vida cotidiana. Para hacer este tipo de acompañamiento, el terapeuta ha de tener una cierta solidez, un bagaje, y algo de consciencia, respeto por cómo se maneja con sus emociones y con los asuntos que le acontecen en la vida.

Por eso no es suficiente que el terapeuta esté formado en una disciplina concreta y tenga buena intención para que el proceso resulte exitoso. Es necesario que reconozca y maneje los elementos propios que van a ir apareciendo en el espacio de terapia.

Si el terapeuta X adquiere consciencia, porque la consciencia es algo que se práctica, puede ver cómo le nacen intentos de abortar la experiencia de tristeza que su paciente está teniendo, pero los gestiona y los puede manejar de otro modo. Y lo hace así para no interrumpir el tránsito sagrado que el paciente está teniendo en ese momento, porque comprende la profundidad de dicha experiencia. Ese tránsito le va a permitir a dicho paciente, asentir a su realidad tal y como es ahora, soltar, obtener alguna comprensión, ponerse en paz internamente, abrirse a lo nuevo…

Los buenos terapeutas necesitamos cuidarnos mucho ya que, desgraciadamente, cuando damos terapia, toda nuestra personalidad mecánica aparece. Cuando yo acompaño a otro se manifiesta mi propia manera de encarar la vida, de transitar los asuntos, de tomar decisiones, mi grado de evolución y mi propia ética.

Cuando yo como terapeuta decido cuidarme, no solo me cuido yo sino que también cuido a las personas que acuden a mí.

¿Quieres conocer las 9 intervenciones que te indicarán que tal vez puedas estar obstaculizando el proceso terapéutico?

  • Cuando proteges al paciente como si fuera un niño pequeño
  • Cuando lo ves como ‘pobrecito’ y le tienes lástima
  • Cuando lo ves como víctima
  • Cuando lo quieres salvar
  • Cuando lo juzgas
  • Cuando lo criticas
  • Cuando le aconsejas
  • Cuando le impones algo
  • Cuando él comienza a depender de ti

Si reconoces en ti alguna de estas alertas, no te hundas, eres humano y solo se trata de una limitación. La humildad tiene que ver con reconocer el propio poder y los propios límites. En lugar de culparte te invito a que te pongas en marcha para deshacerte de este límite acudiendo a una sesión de supervisión, tomando alguna cita de terapia individual para dicho asunto o realizando alguna formación adecuada.

Gracias por tu atención.


Si te gustó este artículo, compártelo ¡Gracias!

© Escuela de Descodificación Biológica Original 2018 – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos y no corresponde a los profesionales de las terapias naturales suspender tratamiento alguno o no seguir los consejos médicos.

Vive la experiencia Bio-Lógica

Nos une un mismo interés.
Hazte bio-lógico con EDBO y descubre la diferencia.

CURSOS  CONSULTA  ACTIVIDADES  YOUTUBE

 


Escribir una respuesta

Consulta aquí el aviso legal y la política de privacidad

X