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24 Oct 2018

Mes de sensibilización sobre el Cáncer de Mama

El mes de octubre está orientado a la sensibilización sobre el cáncer de mama para contribuir en el apoyo, atención, detección y cuidados de las personas que lo padecen. Me encuentro en mi experiencia laboral, cada vez con más casos de mujeres que acuden a consulta intentando encontrar el sentido de esta enfermedad. Y aún teniendo una particularidad similar por el órgano y tejido afectado, cada caso es distinto.

Octubre: mes de sensibilización sobre el Cáncer de Mama

Por Noelia Bonifacio


Cada mujer se enfrenta a una realidad captada con diferentes matices. Unas mujeres la ven de un color característico. Yo lo llamo las gafas de la percepción. Todos llevamos unas gafas diferentes, que hacen que veamos la vida de una determinada manera, en base a nuestras experiencias, conocimientos, aprendizajes y sistemas de creencias heredadas de manera inconsciente de nuestros ancestros o progenitores.

Es como una maraña de información adquirida antes y durante nuestra vida que mueve hilos invisibles que nos manejan y dirigen constantemente cuando creemos que somos nosotros, conscientemente, quienes tomamos nuestras elecciones. Es como si la vida se riera a nuestras espaldas porque creemos que somos sabedores de lo que hacemos cuando en realidad, la vida en su día a día sólo es un velo más o menos tupido según la profundidad del soñador.

Y llega el día en el que la vida despierta a la bella durmiente, que lleva tiempo adormecida esperando que algún día llegara su príncipe o princesa…la vida la despierta de manera súbita, de una bofetada. Es la enfermedad la que llama a la puerta. No abres, no oyes, no obedeces. Pero insiste y no la escuchas. La oyes, pero haces caso omiso e interpretas según tu conveniencia. Pero ella sigue insistiendo.

Un día… sin más… entra ya sin llamar y se acomoda a tu lado. Y pensamos: “Dios me ha castigado” o “mi cuerpo es débil” o “la vida es así”. Y seguimos interpretado y buscando motivos externos para seguir lanzando pelotas fuera de nuestro tejado. Así es la historia que vivimos ajena a la verdad. Unos la viven con más o menos intensidad. Otros aprenden a vivir anestesiados, ciegos, hasta que llega el día que expiran el último aliento y ahí sí, se acabó todo. Sin sentido ni alivio.

Dado que estamos en el mes de octubre, pienso que es momento de reflexionar, de sentarnos frente a frente con la enfermedad y dialogar con ella.

En el caso del cáncer de mama, el órgano busca a través de la enfermedad el deseo incondicional de dar, amamantar, nutrir, cuidar, proteger y alimentar. Es uno de los órganos con los que la mujer más se identifica, sacando pecho a las circunstancias con las que se enfrenta a la vida. Es un órgano de relación con el otro y con una misma. Así que habrá que interpretar su lenguaje para ver qué nos dice, que nos grita, sin interpretaciones banales y fuera de contexto.

La gran mayoría de casos de cáncer de mama son carcinomas ductales y con los años, los casos cada vez se van incrementando más. La salida de la mujer al mundo laboral, el querer seguir sustentando la familia -real o imaginaria- la búsqueda del cuidado y la aceptación del otro a través de la entrega y del sacrificio. Aquí tendemos a excedernos. Es una suave línea que la persona tiende a sobrepasar con gran facilidad.

Y eso nos lleva a la manera que tienen muchas mujeres de vivir, de pretender atender más al otro que a sí misma. Búsqueda incansable del reconocimiento de sentirse una buena madre, una buena esposa, una buena mujer, una buena hija o una buena trabajadora. Querer en todo momento, ser reconocida por el otro. Ser vista. Vivir por y para el otro. Complaciéndolo para sentir que está ahí. Ese estrés, ese agotamiento por dar, hace que el órgano quiera mejorar su función ampliando, expandiendo, en definitiva, ulcerando los conductos para mejorar el resultado deseado. Es una medida biológica rápida de solución de urgencia.

Y seguirá así, hasta que llegue el momento en el que la persona solucione su necesidad. Llegado este punto de inflexión en la vida del humano, las células rellenarán y cubrirán toda la zona que previamente se ha erosionado. Es ahí, cuando el diagnóstico es lapidante: cáncer de mama. Y la mujer se sumerge en un nuevo conflicto igual o mayor al anterior. Ahora se enfrenta cara a cara con la enfermedad.

En mi profesión interpretamos la enfermedad como un programa biológico de supervivencia. Un intento de la propia Madre Naturaleza de ayudarnos en nuestra obstinación por querer mantener un patrón rígido de comportamiento ante situaciones insostenibles en el tiempo. Y llega el proceso de lidiar con la vida y saber sortear cada obstáculo con tratamientos, medicamentos y sustancias, para detener desde fuera lo que no se sabe solucionar desde dentro. La mujer siente que navega sin dirección. Que ahora su vida es una lotería.

Y llegan un día a consulta. Expectantes, esperando ver lo que antes no vieron y encontrar el sentido que antes no tuvieron. Narran sus historias. Sueltan, sacan y expresan los nudos. Y su historia adquiere forma y color. Entienden que todo tiene un significado y un sentido. Pero, sobre todo, comprenden desde el corazón que lo que quiere la vida es que aprendan a vivir desde su centro, desde su interior. Sin necesidad de “hacer para ser” amadas, queridas o respetadas. Sino, sencillamente aceptarse tal y como son. Y comprender que todo está en su interior. Que todo el tiempo que estuvieron viviendo, haciendo y cumpliendo por el otro, se terminó. Que es momento de vivir por y para ellas. Y que la enfermedad les trae unas nuevas gafas de otro color.

Porque mientras tú lloras porque tienes el pelo liso o rizado, porque estas gorda o flaca, porque tienes las mamas grandes o pequeñas, o cualquier otra cuestión… ellas sonríen porque por fin despiertan.

Y digo que despiertan porque ahora sí sienten que forman parte activa de todo el proceso que atraviesan. Que su manera de vivir tiene una gran influencia. Y sobretodo, y lo más importante de todo, es que pueden ser felices solas, sin posesiones, identificaciones, ni reconocimiento, descubriendo su propio amor desde su centro. Desde su interior.

Porque no hay amor más bello, que el encuentro con uno mismo. Este es el amor que te fortalece y te sostiene en el camino de la vida.


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1 Respuesta

  1. Gabriela Montes Martínez
    Gabriela Montes Martínez

    Es un artículo genial el que habla sobre la sensibilización al cáncer de mama de Noelia Bonifacio; me resulta incre8ble como las mujeres nos vivimos como en una inercia tremenda de dar, servir y “completar” al otro como si una misma no existiese… muchas gracias, das una luz muy grande al respecto y como bien dices es hora de despertar ??

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