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La Vocación
18 Abr 2018

La vocación

En este artículo Vicente Méndezmédico homeópata y terapeuta sistémico, reflexiona sobre el propósito de nuestras vidas y nos habla de los diferentes tipos de vocación que tenemos: de vida, de servicio y profesional.

La vocación

Por Vicente Mendéz


La gran pregunta que nos hacemos los seres humanos es acerca del sentido de nuestra vida, ¿para qué hemos nacido?, ¿cuál es el propósito de nuestra vida?, ¿para qué hemos sido “llamados”?. Ateniéndonos a la etimología vocatio / vocationis acción de llamar, sería fácil suponer que es una especie de marca de nacimiento, un llamado divino hecho desde la eternidad. Pero no es exactamente así, o al menos, no es la parte más importante. La vocación es un descubrimiento y llamado constante, hay que discernirla tomando en cuenta nuestros anhelos, las capacidades que tenemos de manera innata, nuestra realidad biológica, las circunstancias históricas que vivimos, etc. El “llamado” tiene más el sentido de “llama interna” que va creciendo e iluminando el camino personal, que el de una voz desde fuera que te dice lo que tienes que hacer.

Distinguimos tres niveles de vocación: Vocación de vida, vocación de servicio y vocación profesional.

En este punto, me gustaría hacer un inciso: la sociedad en que vivimos incide mucho en la vocación profesional, que desde mi punto de vista es la que tiene menos peso a la hora de dar plenitud al propósito de la vida. Y aún siendo legítimo buscar la realización personal, se corre el riesgo del narcisismo y de la frustración.

La vocación de vida

Es la situación biográfica vital mediante la cual te relacionas a profundidad con los seres humanos: criando unos hijos, a través de una pareja sin hijos, y en la vida de soltero. La vocación de vida es la vía privilegiada para despertar. Hay personas que para aprender lo que la vida tiene para ellos deben permanecer solteros. Su recorrido vital no se transforma en función de otra persona o del cuidado de unos hijos. Otras personas, en cambio, no hubieran aprendido o despertado sin el intercambio concreto con una pareja. Ese intercambio, esa reflexión, es más nítida y aporta más a los seres humanos si no se distraen con la ingente tarea de cuidar unos hijos. Y además están otros seres humanos que aportan su reflexión personal, su aprendizaje en esta vida fundamentalmente consolidando una familia, enseñándoles a otros seres humanos lo que es este mundo.

La vocación de servicio

Es la aportación sistémica consciente que hacemos a nuestro clan, es la huella que dejamos en la sociedad. Es lo que nos permite sostener la coherencia, la felicidad ontológica (felicidad de simplemente ser). Podría ser que tuviéramos dudas sobre nuestra vocación profesional o de vida, pero si estamos dando un servicio, nuestros pasos ya tienen sentido. En nosotros, los terapeutas, la vocación de servicio es explícita.

La vocación profesional

Es la oportunidad que algunos tienen de realizar las actividades para las cuales tienen habilidades y en las cuales se han entrenado. Al igual que la vocación de vida es algo que se descubre. Se discierne y se asume tomando en cuenta las habilidades innatas y desarrolladas; las circunstancias históricas personales que favorecen la manera de transformar la realidad que vivimos y que nos permiten integrarnos en el movimiento económico.


La vocación corresponde a la vida adulta. Aunque se va despertando desde la niñez, se vive con plenitud en la vida adulta. Hay, por ejemplo, personas que son estériles desde niños. Muy probablemente la vida les irá poniendo en unas circunstancias en la que descubrirán que tienen un recorrido digno a través de la soltería o la pareja sin hijos, pero lo sabrán con seguridad cuando llegue el momento.

Las vocaciones tienen raíces sistémicas que las sostienen y las explican

Lo que vamos haciendo en la vida es nuestra respuesta a la petición de los sistemas a los que pertenecemos. De manera inconsciente, percibimos todo lo que hay y hubo en nuestra familia y tomamos nuestra postura. Si la mayoría de los que nos han precedido han servido a la vida continuándola, teniendo hijos y formando una familia, tendremos una gran disposición a unirnos a esa tarea. Pero también podríamos estar unidos o aliados con personas que se quedaron solas o que, aunque vivían en pareja o familia, tenían un escenario interno de soltería, pero vivieron en una cultura para la cual la soltería era una desgracia. Todos los grupos humanos tienen raíces de guerra, de migración, de epidemias devastadoras cuyas consecuencias fueron mujeres solas y hombres solos. Esas hordas de mujeres y hombres solos, están representadas ahora por las hordas contemporáneas de hombres y mujeres solas. Y aunque en una visión superficial, los solteros contemporáneos tienen mejor “suerte” que los que estuvieron solos en una guerra o se quedaron solos por las consecuencias de una epidemia. El peso vital es el mismo, cada postura vital está en función de un sistema superior al cual pertenece y colabora. Cada vocación de vida es necesaria para la plenitud de la familia, del clan, del sistema.

¿Cómo saber tu vocación de vida?

El peso mayor lo tiene tu realidad biológica: tus circunstancias personales, especialmente todo lo que ha ocurrido de manera natural sin que tú lo buscaras. Si tienes tres hijos, de entrada tienes vocación de familia, al menos transitoriamente; si hace diez años no tienes una pareja, muy probablemente tienes vocación de soltero. El asentimiento a la realidad es el primer paso para estar en consonancia con la vocación.

Una de mis pacientes tuvo una depresión post parto en cada uno de los nacimientos de sus dos hijos. Aunque era una madre correcta, vivía con ambigüedad el hecho de tener que hacerse cargo de sus hijos. No conectaba con ellos, se culpaba por no “sentir” esa conexión maternal. Ello la llevaba a sobreactuar su rol maternal, con el resultado de unos hijos enfermizos. Cuando le dije que probablemente tenía vocación de soltera, algo en su alma descansó. Habló con su marido para tomar unas vacaciones de una semana sola, en Nueva York. Volvió feliz, convencida que algo desde sus entrañas le hacía sentir que era una mujer con espíritu soltero, pero ya tenía sus hijos y se iba a comprometer con ellos. Sin exigirse “experimentar” esas sensaciones maternales, a partir de ahora simplemente sería una madre correcta. El cambio en su vida ha sido fascinante. Los niños han dejado de ser enfermizos, su vida sexual inexistente hasta entonces con su marido mejoró notablemente, ha creado escenarios para vivir su soltería. La vida ha sido amable con ella, le ha permitido vivir dos aspectos de la vocación de vida: familia y soltería. La vocación se descubre y se discierne equilibrando los anhelos y la realidad.

La dignidad del soltero

En nuestros días, la soltería es el primer escenario vocacional. Seguramente en otras épocas y otras culturas, se pasaba del niño a la realidad de pareja o crianza de los hijos. Sin embargo, para nuestra cultura y nuestra época el niño pasa a soltero, el soltero pasa a pareja y, en algunos casos, directamente a criar a los hijos. Si culmina una de estas realidades, el retorno natural es a la soltería, no a la realidad de hijo. La vocación no necesariamente es para siempre. En una situación ideal, todo adulto tendría que haberse hecho responsable de su soltería, una soltería digna y solvente es el cimiento de una vocación plena.

               PAREJA

HIJO →   SOLTERO                        SOLTERO

               FAMILIA

La plenitud del soltero consiste en esa libertad en la que está DISPONIBLE. Disponible para el servicio, para la promoción social, para el engrandecimiento de la cultura, para su obra personal, para el crecimiento espiritual en solitario, etc. El soltero que no está disponible es estéril, un soltero debe ser fecundo. No es que una persona con pareja o con hijos no esté disponible, ni pueda vivir la cultura, la promoción social, etc., pero sus oportunidades al respecto estarán limitadas. El soltero, como dice Alfonso Ruiz Soto, necesita unos vínculos de interrelación personal realmente satisfactorios, con su familia si puede y con sus amigos si tiene.

La pareja sin hijos

Es un equipo eficaz, la mejor escuela de diálogo y comunicación. La plenitud de la pareja está en la oportunidad que tienen de permitir al ser humano el diálogo, la comprensión y la solidaridad. Esta plenitud se complementa con la capacidad que tienen de sostener realidades más complejas. Transitoriamente se convierten en padres de acogida, son el respaldo de personas que tienen vocación de familia y pasan por momentos difíciles, etc. La diferencia con el soltero es que su disponibilidad es en pareja. La vocación de pareja sin hijos es necesaria para emprender y para dirigir. Muchos gobernantes, artistas, científicos, empresarios, etc. han tenido vocación de pareja sin hijos, aunque los hubieran tenido.

La vocación de familia

Es la más exigente de todas. Es la que permite la continuidad de la especie y la transmisión de todo lo que somos los seres humanos, incluida la información genética, los relatos y mitos familiares. La plenitud de la vocación de familia es la crianza de los hijos. Es el escenario ideal para ofrecer lo más exquisito que tenemos los seres humanos. He dicho anteriormente que la realidad se impone para el discernimiento vocacional, pero requiere matices. Supongamos que un científico que tiene hijos no encuentra tiempo para compartir con ellos y es la mujer la que se ha encargado de los hijos. Podemos decir que su realidad es la de una familia, pero su escenario interno, su vivencia interna es la de un soltero que está disponible para su trabajo. Este matiz nos permite comprender cómo muchas personas que tienen una realidad objetiva de familia, en realidad de manera instintiva tenían vocación de solteros. Si la vocación de familia se vive acompañado de una pareja, entonces además tendrán el añadido de buscar el equilibrio entre lo conyugal y lo parental. Se es mejor padre atendiendo a la relación que atendiendo a los hijos, porque la atención a los hijos luego saldrá de manera natural. Una maternidad (paternidad) que surge de lo femenino (masculino) es sana, una paternidad (maternidad) que surge prioritariamente de lo paternal (maternal) es engullidora.

Lo maternal no es generoso si no está sostenido por lo femenino”: Danièle Flaumenbaum.

La Vocación Profesional y la Vocación de Vida

 Sea cual fuere la vocación de vida, es compatible prácticamente con cualquier actividad profesional; sin embargo, a un investigador que tiene vocación de familia, se le exigirá menos que a un investigador que tiene vocación de pareja sin hijos.

¿Se pueden tener dos vocaciones? Se pueden tener las tres, pues en el fondo sólo hay una vocación, que es vivir la vida con sentido. La vocación más profunda es la coherencia en nuestro recorrido vital.

Todas las vocaciones requieren un escenario disponible para la soltería. Así es como una persona viuda, separada o que ha terminado su labor parental, puede seguir encontrando el sentido a la vida y ¡Dejando a sus hijos adultos libres! La vocación de familia requiere un escenario disponible para la pareja sin hijos, de esta manera, lo que ha dado como padres se convierte en fuerza y bendición para los hijos, y a ellos que saben “soltar” a los hijos, les llena de dignidad.

¿Qué pasa si mi “instinto vocacional es diferente a mi realidad? Si tus anhelos más profundos no están en consonancia con tu realidad, debes ser responsable con tu realidad y en la medida de lo posible generar escenarios internos para tus anhelos; por ejemplo, una mujer que tiene 3 hijos y se siente soltera, debe generar escenarios de soltería.

Círculo virtuoso de la plenitud humana
(Alfonso Ruiz Soto)

La plenitud del individuo es el sustento de la pareja
La plenitud de la pareja es el sustento de la familia
La plenitud de la familia es el sustento de la sociedad
La plenitud de la sociedad es el sustento del individuo

Este artículo es parte de la Revista EDBO nº5, Edición Especial: Ámbito Profesional. Para leer más artículos de la revista haz clic aquí


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