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31 Jul 2018

Entrevista a la Dra. Catherine Dolto

Catherine Dolto es médica pediatra y haptopsicoterapeuta, además de autora de varios libros infantiles y lleva más de 35 años trabajando en el ámbito de la infancia. Es hija de Françoise Dolto, un referente mundial en psicoanálisis de la infancia.

Ángeles Wolder tuvo el placer de entrevistar a Catherine para la Revista EDBO nº6 Especial Infancia y conocer más sobre el trabajo que realiza con los padres y los niños a través de la haptonomía y sus investigaciones sobre la educación infantil.

Entrevista a la Dra. Catherine Dolto

Por Ángeles Wolder


Ángeles Wolder: Frans Veldman ha dicho que la haptonomía es la ciencia de la afectividad, pero ¿cómo definirías tú la haptonomía y que es lo más particular que tiene esta ciencia?

Catherine Dolto: Para entender qué quiere decir la ciencia de la afectividad, es imprescindible entender primero eso que Frans Veldman ha definido como la importancia del “Afectivo” porque esta es la clave para comprenderlo. El describió la importancia del Afectivo en las relaciones humanas y los efectos que puede tener en salud y educación.

La genialidad de Veldman es haber transmitido que nos podemos unir en un todo ya que consideraba que formamos un todo, o mejor dicho, con todo lo que tiene una relación con las emociones o los sentimientos. Y nombró a este conjunto el “Afectivo”, con A mayúscula, y sobre todo describió su modo de funcionamiento.

Él entendió lo que ocurre en el sistema nervioso y en todo el cuerpo cuando hay una petición afectiva, sea esta positiva o negativa y se dio cuenta que lo que se pone en marcha es el cerebro emocional o sistema límbico, compuesto por la amígdala, el hipocampo y las vías de conducción neurológicas específicas del cerebro afectivo. Nos proporcionó una forma de entrar en contacto poniendo en marcha la afectividad afectiva ya que cuando tenemos el enfoque correcto, se produce un cambio en todo el cuerpo, en cada célula, en cada fibra muscular y en cada vaso sanguíneo. Hay un cambio local que supone un cambio de tonus en todas partes. Grosso modo podríamos decir que pasamos de la inseguridad, de la incompletud a un sentimiento de seguridad, de completud.

Gracias a esto nos ha permitido comprender que la Afectividad, tal y como él la define, con A mayúscula, es un tamiz que filtra sin parar los miles de millones de percepciones que tenemos en cada instante desde el interior y el exterior y que sólo dejar subir a nuestra consciencia un pequeño porcentaje de estas percepciones. Este filtro está muy influenciado por nuestra historia: allá donde hayamos vivido, todas las historias particulares de cada uno y cada una, en cuanto están inscritas en una cultura, en un paisaje, en un clima, en unos entornos o en un lenguaje quedan guardadas y son recordadas. Es este filtro afectivo el que realmente conecta constantemente el cuerpo y el espíritu.

Con la haptonomía podemos abordar de una manera muy concreta al ser humano como una entidad afectiva, somato-psíquica sin separación entre el cuerpo y el espíritu. Esto es lo que actualmente buscan todos los psicólogos porque se están dando cuenta de la gran importancia que el cuerpo tiene como registro de eventos y eso es esencial. Mucha gente ha seguido terapias corporales pensando que si uno aborda el cuerpo va a llegar a tocar esta nube entre el cuerpo y el espíritu y no les sirve ya que se debería trabajar de una manera que los una en un todo.

Es por ello que es complicado para la gente entender qué es la haptonomía porque en primer lugar para entenderlo tenemos que haber sentido este contacto tan peculiar y en segundo lugar, como entramos en un contacto activo con nuestros pacientes, la gente piensa que se trata de una terapia corporal y no es, en absoluto. Se trata de una terapia sobre la persona humana en su totalidad.

AW: ¿En terapia, trabajas solo con niños o también con adultos?

CD: Es un trabajo tanto para los adultos como para adolescentes, niños o gente mayor. Es decir, tenemos que entender que a partir de lo que aporta la haptonomía surge, por supuesto, otra comprensión del desarrollo del niño, del desarrollo la vida, de la psicosomática, de los malestares y de las patologías. Podemos darle una mirada haptonómica a todas las prácticas de salud y educación. Es por esto que tenemos formación en haptopedagogía y hay otros campos de aplicación como en el acompañamiento de los moribundos, en puericultura, en psicoterapia, para médicos generalistas, para los fisioterapeutas, como ejemplo.

El trabajo pre- y postnatal es el trabajo haptonómico más conocido, pero no es el único. Personalmente, yo también soy haptopsicoterapeuta y trabajo con personas de todas las edades.

AW: Ha escrito “La cólera”, para los niños. Es espectacular. ¿De qué manera los pedagogos tienen que trabajar los sentimientos o las emociones en relación a la educación de los niños en las escuelas?

CD: Existe una confusión hoy en día ya que hay muchos libros para niños que hablan de emociones y sentimientos. Me gustaría aclarar cómo se observa en esta disciplina estos dos conceptos.

La emoción es un estado fisiológico que se modifica con cambios observables como el color de la piel, el cambio del latido del corazón, la respiración, la tensión muscular, el sudor, el calor o frío, etc. El organismo cuenta con variados indicadores enviados para dar aviso de que algo nos afecta mucho y es solo después de este primer paso que la emoción desvelará el sentimiento que hay detrás. Este sentimiento puede ser de miedo, de alegría, de ira, tristeza, por ejemplo. Para nosotros todo esto son sentimientos que están en concordancia con una emoción. A causa de esta relación afectiva la haptonomía tiene una visión de la inteligencia humana como “algo esencialmente sensual”. Lo sensual es lo sensorial afectado por un índice afectivo. Forma parte de lo que se considera que “es bueno o malo para mí”, “me tranquiliza” o “me pone nervioso”, “es justo o injusto” y esta es la dimensión afectiva que hace pasar de lo sensorial a lo sensual.

Nuestra visión de la inteligencia es una inteligencia puesta en marcha por lo afectivo. Cuando hay un contacto, un rencuentro, una solidificación, lo afectivo se pone en su lugar en todas sus dimensiones y llega a partir de entonces, una vez que el Afectivo ha hecho su trabajo de filtro, el discernimiento y la capacidad de disponer de su intencionalidad vital y del pensamiento.

Un pensamiento en primer lugar aportado por abajo, es decir, por la percepción, la sensación, filtrada por lo afectivo. Se trata pues de una visión de la inteligencia que obliga a dar un gran lugar al sentimiento y al discernimiento afectivo en la educación, teniendo constantemente la idea de que la cognición no sirve para nada si no existe el afecto y una capacidad de valorarlo y crear vínculos entre los diferentes conocimientos, es decir, el pensamiento. Para el pensamiento tenemos que estar en seguridad afectiva. Un niño, para abrir su espíritu, tiene que sentirse en seguridad afectiva. En ese momento, él podrá escuchar, oír y pensar.

AW: Se dice que uno no puede aprender en estado de miedo.

CD: El miedo nos coloca en estado de supervivencia. En la supervivencia hay una selección implícita en todo momento y tenemos que decidir para vivir si algo es necesario o no es necesario, si hacemos tal o cual acción. Solo para sobrevivir. De este modo, la posición de supervivencia restringe mucho la visión que tenemos del mundo.

AW: ¿Cuál es el impacto que tiene la vida prenatal y la experiencia del parto en la personalidad de un niño?

CD: Hay mucho por decir. Se sabe por la experiencia clínica que este impacto es muy potente. Yo misma nací de forma traumática y el obstetra ocultó información a mis padres. Porque sucedió en el campo, en nuestra casa; la situación era muy difícil y no podía hacer una cesárea. Decidió decirles a mis padres que estaba un poco bloqueada y que me había empujado y recolocado, en fin…Entonces mis padres me acogieron sin saber que había vivido un tremendo pánico de no poder nacer. Este terror se reveló en los sueños, en los despertares nocturnos, las angustias inexplicables porque mi madre había tenido, según ella, un parto perfecto. Se reían – el obstetra era un genio – se rieron, hicieron bromas etc. Nadie pensó en hasta qué punto yo estaba en pánico.

Hice dos largas terapias de psicoanálisis y no aparecía nada que pudiera explicar estos sueños y otros. Hasta el día que hice un trabajo de hapto-psicoterapia con Frans Veldman y llegamos en tres sesiones a mi nacimiento. Los sueños y despertares traumáticos desaparecieron de un día para otro. Es decir que yo sé por experiencia propia que las marcas del nacimiento son muy potentes. Se tienen muchísimas pruebas de ello. La mayoría del tiempo no están en los recuerdos conscientes sino en los rastros no conscientes inscritos en la carne.

En resumen, la calidad de la vida prenatal es muy importante, porque sabemos hoy gracias a la epigenética que las modificaciones del genoma, que el niño hará sobre su genoma, dependen mucho de lo que vive. Se ha demostrado muchísimo en los animales: el estrés prenatal de la madre influye mucho en el niño, y también se ha demostrado con las ratas que el estrés preconcepcional de la madre o del padre se transmite también al niño. Así pues, esta es toda la dimensión de lo transgeneracional que la epigenética nos permite entender.

El contacto prenatal tiene un efecto sobre el niño, que afectará la modificación de los genes. Además, ya hace ahora sesenta años que se sabe la enorme importancia de la plasticidad neuronal: se puede entender que el niño al que se moviliza para responder, que se le hace jueguitos, se le da afecto,… es investido desde su vida prenatal como Sujeto – con S mayúscula – que es una fuente autónoma de deseo; y en este momento su sistema nervioso entero es solicitado creando circuitos neuronales que lo harán nacer con unas capacidades intelectuales mayores que las de otros niños.

De todos modos, todo neonato llega al mundo conociendo un poco la lengua materna, la prosodia, la manera de hacer frases; conoce el gusto de la comida familiar… El neonato sabe muchas cosas de su familia antes de nacer. Pero además el neonato que ha sido acompañado tiene conocimiento de lo que es el encuentro, ir al encuentro, decirse hola o adiós, proponer, posponer, anticipar, etc. Por esto, los bebés bien acompañados nacen con otro tonus postural y se aguantan de otro modo, aguantan la cabeza, tienen una mirada y una calma muy importantes. Hay una noción muy importante en toda la haptonomía que es la de confirmación afectiva.

Lo que decimos es que para que un niño o un adulto pueda desarrollar todas las cualidades potenciales que tiene en él sintiéndose confirmado afectivamente, es decir, que sienta que es reconocido como bueno. Es la confirmación afectiva lo que dará el sentimiento de seguridad básico y, a partir de este sentimiento, tendrá la seguridad en la conducta de su vida. Hay un matiz entre seguridad (sécurité) y sentirse seguro (sûreté) que es “sé porque hago las cosas”. Estos niños bien acompañados tienen otro desarrollo y son niños que saben muy bien lo que quieren y lo que no quieren y se convierten en adultos que dirigen realmente su vida. Saben gobernar bien su vida y es por esto que después de la vida prenatal hace falta un acompañamiento postnatal hasta que sepa caminar, porque es entonces cuando cada niño comienza a desarrollar la autonomía.

Los padres deben ser acompañados frente a unos niños con deseos muy potentes, con mucha confianza en ellos mismos y en los otros, y que se afirmarán mucho entre el momento en que aprenden a caminar y los 4-5 años. Si los padres no son ayudados a contener bien podrían hacerse niños demasiado potentes. Es por ello que el trabajo postnatal es imprescindible.

AW: Sí, y a veces son los padres los que tienen heridas que no han sanado y se hace difícil acompañar a un niño.

CD: Sí, y el niño lleva todo esto y nos encontramos con niños con más seguridad afectiva que sus propios padres, lo que es complicado. En este caso el trabajo postnatal es un trabajo de asistencia a los padres.

AW: Y a veces los padres no tienen la posibilidad de cuidar y son los abuelos los que se encargan. En tu opinión, ¿Cuál es el rol de los abuelos?

CD: ¡También he escrito un libro sobre esto para los niños! El rol de los abuelos es fantástico, pero puede ser muy difícil ya que cuando los padres son demasiado frágiles no soportan los consejos o las intervenciones de sus propios padres. Entonces el rol de abuelo se hace muy difícil. Se trata a menudo de ser silencioso, de acoger, de no decir nada, de ayudar al niño que sufre a veces con padres demasiado frágiles para él.

AW: ¿Y qué piensa del nivel de evolución del ser humano?

CD: Frans Veldman empezó a trabajar después de la Segunda Guerra Mundial. Creo que en estos momentos hay una regresión ya que encontramos a muchos adultos con inseguridad afectiva y que viven desarrollando muy poco su inteligencia. Esta mañana escuchaba por la radio que había muchísima toxicomanía entre jóvenes y adultos jóvenes, incluyendo toxicomanía de pantallas, de internet etc. Cuando una sociedad produce personas que necesitan en gran medida de las llamadas “prótesis” –prótesis de drogas, alcohol, o aparatos de comunicación– es que esta sociedad está enferma.

Es verdad que veo que muchos adultos han desviado su inteligencia por temas de consumo. La gente se ha vuelto ante todo consumidora y se ha olvidado de que tiene un cerebro que piensa, un corazón que ama, una mano que actúa. La gente no sabe hacer cosas manuales, y esto es un problema ya que el gesto nutre la inteligencia, una mano inteligente nutre al cerebro. Hay estudios que dicen que el cociente intelectual baja en todos lados, y me lo creo. Creo que en otros tiempos en los que uno tenía que hacer muchas cosas por sí solo, cuando se tenía que buscar cosas y fabricarlas había más cohernecia. No hemos vigilado lo bastante la manera en la que las ofertas del progreso ponían en peligro a la especie humana hipotrofiando sus capacidades.

AW: Y se ve en las personas que dirigen los países…

CD: Son como niños. Estamos dirigidos por niños. Sobre todo por niños pequeños que tienen una relación poco sana con el ego y el poder. Y esto da miedo. Cuando vemos el estado actual del mundo, da miedo. Hay una cierta regresión de la especie humana y, de hecho, creo que nunca se ha visto a ninguna especie destruir su biotopo.

Somos una especie que está destruyendo su biotopo y que sigue haciéndolo a pesar de los avisos y de las pruebas, lo que, en evolución, es infantil. Hay algunos adultos hoy que son como niños que se obstinan en hacer una cosa poco sana o que es mala para él porque no tienen una visión de la vida completa, lo que es normal en un niño, pero no en un adulto.

Para una especie entera y para sus dirigentes continuar sabiendo que quizás enviaremos a la especie humana entera hacía la muerte, es algo muy peculiar. Es urgente, el mundo entero necesita educación. El mundo entero. Y el mundo entero necesita haptonomía, un tipo de inteligencia más completa que incorpora lo Afectivo.

AW: ¿Cómo podemos empezar?

CD: No hay que soñar, hay que encargarse del bebé, encargarse de los niños, hablar de los que uno hace, compartir las ideas – es por esto que hago tantos libros para niños y tantas conferencias – para intentarlo. Hay que difundir las ideas, hacer que la gente sepa tanto como se puede. No veo ninguna otra solución. Y, además, en nuestro día a día, ser testigo del hecho de que vivir con una inteligencia afectiva funciona, es muy eficaz. De esto sí que podemos ser testigos.

AW: ¿Qué recomendación darías a los padres en relación a la educación de sus hijos?

CD: Esto es muy difícil porque ninguna familia es igual. No existe un patrón de familia en general, no hay dos niños iguales, no hay dos parejas iguales. Cada familia está unida a un pasado, con lo cual es difícil dar consejos en general. En primer lugar les diría que intentaran calmarse en la vida, intentaran ralentizar y no se pusieran siempre delante de los hijos o de sus pantallas sino buscar el contacto puro. Es decir, ser coherente y dar a los niños tiempo, calma y atención, diálogo.

Esto ya es mucho, tomarse el tiempo, sentarse, hablar, aceptar que haya tiempos vacíos en los que nadie tiene nada por decirse, en el que uno tiene miedo de aburrirse y no pasa nada porque estos momentos son muy ricos. Todo esto sería un consejo que podríamos darles a todos, ralentizar, tomar el tiempo de escucharse realmente, de hablarse. Esto solo puede ser bueno.

AW: Sí, esto es formidable en una sociedad que tiene pánico al vacío.

CD: Sí, esto es, pero no se trata de vacío. El “nada” no es vacío. Cuando no se dice nada no significa que haya vacío sino que cada uno piensa que algo está por llegar. Es este miedo al vacío que es terrible, y vemos que estamos en sociedades en las que la gente está dispuesta a todas las alienaciones por miedo al vacío.

Hay que tranquilizarse, no puede suceder nada grave a parte de morirse, pero ¿morirse es realmente tan grave? Y sobre todo diría también que hay que partir del principio de que todo el mundo – y especialmente los niños- es más inteligente de lo que se cree. Mucha gente está atontada por su modo de vida y si tomamos el tiempo de escuchar a cada uno y de intercambiar, y de dejarle el tiempo de pensar, nos daremos cuenta de que hay mucha más inteligencia en todos lados de la que creemos.

AW: Es formidable. ¿Conoce al compositor Pau Casals? Decía que todo ser es una maravilla. Quizás hoy lo hemos olvidado.

CD: Sí, ¡eso es! Me gusta mucho Casals.

AW: Una última pregunta. Todos hablan mucho de su madre Françoise Dolto, que fue una gran figura del psicoanálisis del niño.

CD: ¡Y del adulto!

AW: Sí, y del adulto, pero sobre la base de “escucha a tu hijo y entiende cómo llegar a tu hijo”. ¿Qué ha aprendido de su madre en relación a estar en contacto con el niño?

CD: Aprendí muchísimo de mi madre, ya que no sólo tuvimos la suerte de tener una profunda amistad de mujeres adultas, sino que además trabajé mucho con ella porque yo le hacía de asistente en todos sus programas de radio. Preparaba todos los programas, y también le ayudaba en sus consultas en el hospital.

Lo aprendí todo de mi madre e incluso y sin saberlo aprendí mucho del trabajo en haptonomía. Ella estaba encantada, solía decirme “ves, empiezas donde yo me había detenido” y mi trabajo como terapeuta está en la confluencia entre lo que aprendí de mi madre y de Frans Veldman. ¿Que aprendí de mi madre? Tenía una forma de ver el psicoanálisis que estaba muy cerca de la haptonomía y era muy amiga de Frans Veldman. Él fue uno de los últimos que vino a verla antes de su muerte. Creo que aprendí de ella el hecho de que cuando estoy con un ser humano, mantengo mi inteligencia, pero es como si resintiera lo que el otro siente. Es un trabajo muy profundo que ella hacía y creo que lo aprendí viéndola con sus pacientes. La capacidad de estar tan abierta al encuentro con el otro, y de saber captar que el otro nos aporta las claves de su problema porque se siente escuchado.

Por ejemplo, en mi consulta los niños, a veces, hacen cosas extrañas y los padres les dicen que no lo hagan y que no lo hacen en otro lugar. Yo les digo entonces que lo hacen porque saben que yo les ayudo a entender su problema y creo que esto sucede cuando el niño sabe que la persona está ahí para escucharlo, y dice “puedo enseñar los síntomas, lo entenderá”.

Tuve mucha suerte de tener esta madre, pero también el padre que tuve. Todos hablan de mi madre pero en la familia Dolto el importante era el padre. Se llamaba Boris Dolto, era ruso. Él también estaba muy cerca de la haptonomía sin saberlo, de él aprendí todo lo del acercamiento al cuerpo. Mi padre y mi madre trabajaron mucho juntos.

Él era un gran médico reumatólogo que dirigía una escuela enorme de fisioterapeutas y tenía especial relación con los huesos, los músculos, las articulaciones con una visión global del ser humano. Nunca separaba el cuerpo y la mente. Ninguno de los dos lo hacía. Él inspiró mucho a mi madre en su manera de pensar el cuerpo como motricidad en relación.

AW: ¿Y su padre escribió libros?

CD: Sí, escribió un libro muy bonito que se llama “Le corps entre les mains”. Es un libro para profesionales de la medicina física, de Kinesiología o Fisioterapia, de Osteopatía y otros ámbitos físicos. Mi formación es el resultado de haber crecido entre estos dos seres que trabajaron mucho en sinergia y que se querían muchísimo.

¡Muchas gracias!


Este artículo forma parte de la Revista EDBO nº6 Especial Infancia.


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