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12 Sep 2018

El cerebro enamorado o la razón ciega por amor

El amor es una emoción que se inicia en el cerebro (lo siento si los románticos tenían otra idea) y que desciende por el cuerpo inundando cada célula a su paso. Es más, se inicia y se acaba en el cerebro. Principio y fin de la relación en un lugar donde colocamos a la razón y a la emoción y según la etapa de la pareja y las experiencias vividas hay más de emoción y menos razón o al revés.

El cerebro enamorado o la razón ciega por amor

Por Ángeles Wolder


Las relaciones de pareja atraviesan períodos que de ir superándose irán engrosando las vivencias positivas y por lo tanto la evolución del ser humano. Primero está el encuentro, le sigue el conocimiento, aparece el gustarse y atraerse y continua el experimentar con los diferentes mapas mentales de cada uno y con las mochilas de sus respectivas historias familiares para ver hasta dónde llega la compatibilidad genética y adquirida. No siempre ocurre así y la repetición y el sufrimiento saltan a la vista igual que las lagrimas del desamor.

Eso le ocurrió a Javier de 24 años cuando conoció a Marcela de 22 años en un encuentro casual en la cafetería de la universidad. Tenían un compañero en común que los presentó sin saber las tristezas que se desprenderían a partir de aquel momento. Javier vivió un flechazo en toda regla al conocer a Marcela y desde hace dos años que pasa de las sonrisas a las lágrimas con una facilidad que no le había ocurrido nunca. Siente que su amada lo humilla, le agrede y saca lo peor de sí mismo porque el para defenderse le insulta algo que no es habitual en él.

Ella es hija única, le gusta vestirse de marca y con lo más nuevo, se presenta como muy competitiva, a menudo inflexible e intolerante con lo que quiere motivo por el que discuten mucho y para poco por su casa porque discute con mucha frecuencia con su madre. Medio año después de conocerse se fueron a vivir juntos por muchos motivos siendo uno de ellos la necesidad de Marcela de salir o “huir” de su casa. Al principio todo era maravilloso y no había nada para criticar o modificar lo que de forma paulatina fue cambiando.

Los padres y amigos de Javier vieron claro desde el principio de la relación que Marcela era como “mucha mujer” para él por el carácter que mostraba. A Javier sus padres le ayudaban con el pago de su piso de estudiantes, pero al llegar Marcela los ingresos de las 20 horas que trabajaba en una cadena de librerías iban menguando y fue descuidando los estudios para poder trabajar unas horas más. Pasó de 20 a 25 y luego de 25 a 30 horas y así disminuyeron las horas de estudio al tiempo que aumentaban las quejas de Marcela y de la familia de Javier. Presionado por ambas bandas no sabía como salir de semejante estrés. Acabó dejando los estudios, pero las peleas aumentaron hasta llegar a la violencia física. Ese día Javier permanecía fuera de su casa sin atreverse a entrar porque Marcela estaba en un ataque de furia rompiendo lo que encontraba para descargar su ira.

Mientras permanecía en la calle pensaba en la vida de tranquilidad que había tenido, en la necesidad de un cambio a pesar del infinito amor que sentía por ella y en todo lo que había descuidado por esa relación. Ya no jugaba ni a paddle ni a futbol, dejó el grupo de música y no visitaba a sus padres por miedo a las críticas. Su vida había girado completamente en los dos últimos años y no supo ver antes el descalabro al que llegaría.

¿Qué les ha ocurrido?

Que cuando nos enamoramos hay un torrente de dopamina (hormona del placer) que inunda el cerebro lo que produce una desconexión de la razón, no hay lógica ni posibilidad de explicaciones intelectuales que satisfagan al cerebro enamorado. La dopamina quita objetividad e inunda de subjetividad el cerebro. NO (con mayúsculas) podemos pensar con claridad, todo está filtrado por la ilusión del otro, todo se ve maravilloso y aunque se perciban los defectos del otro se atenúan con tal de sentirse unido al ser amado. La persona tiende a minimizar las consecuencias negativas en el futuro, por ejemplo, de dejar de estudiar o de trabajar más para el otro. La relación aquí es:

A más amor y más pasión menos razón.

La corteza prefrontal se desconecta y solo “sentimos” lo maravilloso bajando la potencia a lo negativo lo que acaba siendo un mecanismo cerebral peligroso ya que nos lleva a cometer muchos errores de interpretación. Al mismo tiempo aumenta la oxitocina, hormona del apego que cuanto más se produce más hace que la persona dependa del otro a pesar del dolor de los comportamientos negativos que estallan entre ellos. Javier vivía una de las primeras experiencias amorosas y se entregó a ella con cuerpo y alma sintiendo que poseía al ser amado (conflicto de propiedad o de pérdida de territorio).

Marcela vivió bajo los celos de su madre por lo que nunca supo que lugar ocupaba en su familia. Desde pequeña tenía problemas de recto inferior como espasmos o tenesmos, pequeñas hemorroides y en la adolescencia fue tratada por dos fisuras anales. Su conflicto claramente era de identidad y no ser respetada, no ser tenida en cuenta y no saber dónde colocarse para poder estar integrada en el grupo familiar. Cada vez que su padre llegaba a casa después de un viaje y ella le abrazaba salía su madre y le pegaba para separarla del padre y comenzaba a contarle mentiras sobre cosas que Marcela no había hecho para que su padre la riñera. Ella se enfadaba e iba acumulando rencor en dosis exageradas. Con Javier se desataron los dos conflictos biológicos: identidad y contrariedad indigesta con rabia e ira lo que provocaba sus reacciones violentas, insultos, gritos hasta llegar a maltratar a una persona que amaba, pero con la que no sabía convivir porque no entendía cómo vivir con ella misma.

La relación acabó y Javier a los 3 meses había retomado su vida anterior, sus estudios y la dinámica familiar y social que le había caracterizado. Sacó una experiencia de su forma de engancharse en la relación amorosa y le sirvió en la siguiente relación. Marcela siguió quejándose de su infancia, de sus padres, de Javier y de todas las personas que con cariño se acercaron a ella. No supo ver que en sus manos estaba el problema para ser limpiado mediante una comprensión amorosa y la solución de darnos cuenta de que “uno es lo que ama y no lo que le aman”.

Un cerebro enamorado puede llegar a ser un descerebrado, pero por suerte las hormonas del amor están altas los primeros tres años y luego se estabilizan. Así la vida se encausa de forma más tranquila y sana para todos.

I Jornada de Descodificación Biológica
Barcelona, 20 de septiembre

Este texto es un fragmento del contenido que será trabajado por Ángeles Wolder en la I Jornada de Descodificación Biológica en Barcelona sobre los conflictos asociados al Sistema Reproductor y a las Relaciones de Pareja. ¡Inscríbete!

Más información: www.descodificacionbiologica.es/jornada


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