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Cuando los hijos/as nos sufren…
7 Ago 2018

Cuando los hijos/as nos sufren…

¿Cómo lidiar con la separación de parejas con una mirada menos individualista y más enfocada en el bienestar de los hijos?

En este artículo para la Revista EDBO nº6 Especial Infancia, la terapeuta y formadora en DBO especializada en familia, Raquel Pérez, comparte su visión sobre la separación de parejas y el impacto para los hijos.

Cuando los hijos/as nos sufren…

Por Raquel Pérez


Cuando formamos una pareja, la vida se llena de ilusión, de motivación y de ganas de pintar un futuro juntos/as. Unimos nuestros aprendizajes, orígenes y vivencias, para crear ese espacio perfecto del NOSOTROS/AS.

Comenzamos despacito y paso a paso la confección del proyecto vital común. Una vez pasada la fase en del enamoramiento y la idealización, cuando nos damos cuenta de que él o ella no es un dios ni una diosa bajada de otros mundos, en más de una ocasión no superamos ese golpe y se queda en un maravilloso amor de “verano” (aunque sea otoño…).

Sin embargo, una vez tenemos formalizada nuestra relación vienen los hijos/as, fruto del amor de dos personas que se aman y se respetan, con la ilusión y el convencimiento de que esto, “lo nuestro”, será para toda la vida. (En otro momento escribiré sobre aquellos hijos/as, que aparecen en la pareja como presuntos “salvadores” de una relación casi terminada).

Volviendo al momento de la llegada de los hijos/as, los amantes se convierten en padres/madres, y lo digo de esta manera, entendiendo que estas dos versiones pudieran encontrar el equilibrio perfecto de poder respetarse y de encontrar ambas su espacio en el hogar.

En algunas ocasiones esto no sucede así. No es fácil solucionar conflictos, (ni si quiera en algunas ocasiones, ni conceptualizarlos) cuando estamos agotados/as, cuando hay mil cosas que hacer, cuando aparecen pensamientos como “bueno, ya se le pasará”.

Cuando mi TODO se transforma en aquel o aquella que me mira de lejos, y los susurros se convierten en silencios que gritan…

Cuando una pareja toma la determinación de separarse es raro que exista un equilibrio de tiempos, en la mayoría de las ocasiones un miembro de la pareja hace ya tiempo que comenzó a plantearse esa posibilidad y de una manera, en ocasiones inconsciente, comienza a trabajar en el duelo, siendo el otro/a, no consciente del camino que ya se ha emprendido, o al menos, no queriendo hacerlo consciente.

Después de los años trabajando con parejas y familias, puedo afirmaros que, cómo se gestionan las separaciones es proporcional a la manera que la pareja ha vivido su relación. Hablo de recursos comunicacionales, madurez a la hora de gestionar conflictos y RESPETO.

Soy muy consciente de que aún no he mencionado a esos/as hijos/as… y es porque en muchas ocasiones, en las separaciones, también a ellos/as los podemos dejar “para el final”. Por miedo, inseguridad o, tristemente en más una ocasión, porque son utilizados como moneda de cambio, o porque nos sirven para establecer una coalición perfecta en esto que ya es una “guerra”.

Además de lo descrito, existen falsas creencias, como por ejemplo la de que aunque estemos mal y los conflictos sean continuos… es mejor no separarnos por ellos/as. Y nada más lejos de la realidad.

Los hijos/as necesitan vivir y desarrollarse en un lugar en paz, donde el respeto y la comunicación sea el denominador común en el día a día.

No sabéis, la cantidad de ocasiones en las que chicos/as han expresado en consulta “por favor, que se separen ya… no puedo más.”

En esta conducta por parte de los padres y de las madres, ya podemos estar vislumbrando qué hay detrás o podría haber detrás a nivel de pareja, en esa separación, justificando de manera extraordinaria la continuidad en el nido y que no habla por el bien de nuestros hijos/as.

Ahora es cuando aparece el titular.

Cuando dos personas se separan, hay una separación de la pareja: PERO NO DEJARÁN DE SER PADRES Y MADRES nunca. Es verdad, y ahora voy a ser crítica con las leyes, al menos españolas, que hasta hace pocos años apenas contemplaban la figura del padre cuando se hablaba de establecer la custodia de los hijos/as, o el régimen de visitas. Estas generalizaciones en los llamados convenios reguladores o pactos en las relaciones familiares podían, por un lado, hacer mucho daño a esos hijos/as privándoles de la figura de papá y, por otro lado, podían fomentar la manipulación en las relaciones familiares.

Cuando los padres/madres hacemos partícipes a los hijos/as con preguntas como ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? ¿Qué te parece que me separe de tu padre o de tu madre? ¿Es buen momento ahora, o mejor dejamos pasar un tiempo? Estamos incluyendo y haciendo responsables a los hijos/as de algo que por supuesto NO LES CORRESPONDE, ni ahora ni nunca.

Para los hijos/as puede llegar a ser “el fin del mundo” que los papás y las mamás se separen. También hablo de hijos/as que ya han alcanzado la mayoría de edad e incluso la madurez. Pero por la situación de vulnerabilidad, en este artículo me centro en los más pequeños.

Ellos/as, necesitan sentir seguridad y protección. Necesitan SENTIR que su PADRE está y que su MADRE está.

Necesitan saber qué es lo que está sucediendo, de manera clara, evidentemente adaptada a su edad, y que en la medida de lo posible sean ambos los que puedan hablar con ellos/as, antes de que se lleve a cabo la separación definitiva.

Dejadles que expresen sus sentimientos, sus emociones, su tristeza y su rabia. Estableced espacios de comunicación, hagamos lo más fácil posible este camino adverso; no olvidemos que todo comenzó desde el AMOR, no olvidemos la pareja que comenzó desde la ilusión y el respeto…

Dejemos de mirar la individualidad de las partes y centrémonos en el bienestar de los/as más vulnerables, para que al final, ellos/as puedan decir esto:

Yo quiero a mi madre y
Yo quiero a mi padre,
Ellos ya hicieron su camino…
Y yo siempre seguiré estando,
A su lado.

Este artículo forma parte de la Revista EDBO nº6 Especial Infancia.


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