fbpx

(+34) 93 412 71 00 (+34) 636 29 46 29 info@institutoaw.com

Comportamientos inadecuados en la infancia: consejos prácticos para padres
9 Ago 2018

Comportamientos inadecuados en la infancia: consejos prácticos para padres

Todo comportamiento inadecuado es una manera del niño de expresar su necesidad primaria. Hay que aprender a escuchar sus verdaderas necesidades y, sobre todo, a atenderlas desde el reforzamiento positivo.

En este artículo para la Revista EDBO nº6 Especial Infancia, Leslie Villatoro nos comparte consejos prácticos para los padres a partir de su experiencia como mama de tres niños y cómo acompañante en Descodificación Biológica.

Comportamientos inadecuados en la infancia: consejos prácticos para padres

Por Leslie Villatoro


Soy mamá de tres niños, y sé por experiencia propia, la ardua tarea a la que nos enfrentamos los padres, día a día, dentro de la educación y el deseo de darles lo mejor a nuestros hijos. Incluso, a veces, queremos darles todo aquello que no tuvimos, pero cuando intentamos reparar aquello que nos faltó, a veces, se nos olvida darles lo que sí tuvimos. Para serte sincera, creo que la diferencia entre un comportamiento “normal” al conflictivo no siempre es claro; puesto que cada padre podría tener estándares diferentes en cuanto a paciencia, límites permitidos, etc.

Es hasta que sentimos que hemos llegado a un límite emocional, mental o quizá hasta físico, debido al mal manejo de comportamientos inadecuados de nuestros hijos en el que las rabietas, las travesuras, mentirillas piadosas, agresividad, alta dependencia o cualquier otro comportamiento se tornan aspectos preocupantes. Es al sentirnos sobrepasados cuando buscamos opciones o alternativas como: una terapia, asesoría, algún libro o curso que nos brinde soluciones para poder convivir de una mejor manera (no solo en términos Padre-Hijo, sino entre hermanos, etc. y eventualmente estos temas pueden incluso afectar la relación de pareja)

“Nunca se es demasiado grande para tener una infancia feliz”, Milton Erickson.

Mi perspectiva como Acompañante en Descodificación Biológica Original, me motiva siempre a ir al origen del problema para encontrar una verdadera solución. El origen de este tipo de situaciones, regularmente radica en los padres, que somos quienes educamos a nuestros hijos.

Imagina que vas en un avión como pasajero y sabes que algo malo está pasando porque hay turbulencias, se caen las máscaras de oxígeno y volteas a ver al piloto (suponiendo que tienes acceso) y le ves una cara de “No sé qué hacer”. ¿Qué pasaría en ti? ¿Te sentirías seguro?

Pues este mismo ejemplo lo podría comparar cuando pasamos alguna situación de estrés en cuanto a “educación” y “comportamientos inadecuados” con nuestros hijos. No logramos encontrar la solución, aplicamos técnicas sin consistencia, cambiamos de una a otra, y finalmente lo que les transmitimos es nuestra gran inseguridad y miedo…

Tras frases como “Ya no sé qué voy a hacer contigo”, “Ya hemos intentado de todo y no entiendes”, “¡Eres imposible!”, me atrevo a preguntarte: ¿Quién es el piloto aquí? Sí, tú, como piloto de la educación de tus hijos, si pierdes el control, ¿quién lo tomará?

Por eso, creo fervientemente que evadir, minorizar o aplazar el conflicto sólo lleva a una mayor complicación. El tiempo pasa y no regresa, no hay mayor riesgo que el que no se toma.

Esto no quita, en absoluto, lo real que es intentar métodos y alternativas que creemos resultarán exitosas y topar con pared, quizá varias veces. No existen reglas mágicas o soluciones infalibles, solo existen seres humanos (en dos etapas diferentes padres/hijos) con necesidades particulares y capacidad de expresarlas de diferentes formas.

Por ello, el primer paso siempre debería ser desde nuestro interior, sanando las propias necesidades insatisfechas en nuestras historias de niñez, nuestras carencias afectivas y emocionales para entonces, sanos de mente y corazón, llenos de amor, aceptación, seguridad y cualquier recurso que nos sea útil, poder entregar a nuestros pequeños lo que también están necesitando.

Así es que nuestro principal compromiso, debería ser con nosotros mismos. Sólo podemos dar aquello que ya es nuestro. Y es que aunque nuestros hijos nos vean como superhéroes, somos humanos que nos equivocamos, con nuestras propias historias de la infancia.

Cuando noto que me equivoco, valoro más la mirada empática de mis hijos a una creencia de que soy infalible o perfecta, porque nadie lo es. Y eso me ha hecho también dejar a un lado el juicio perfeccionista de querer a los padres ejemplares para aceptarlos tal y como son, tal y como los escogí.

Atender el conflicto, pero no sólo eso, atenderlo desde el origen.

Límites, consecuencias, recompensas, uso de “premios” y “castigos”…todo esto son palabras que oímos al momento de buscar recursos para educar a nuestros hijos. Pero la mejor solución solo nacerá de ti y de las necesidades de tus hijos.

En Descodificación Biológica Original, uno de los elementos más importantes para generar un cambio o transformación es la expresión, de aquí la importancia de un verdadero canal de comunicación afectivo y empático entre padres/hijos sobre sus necesidades mutuas.

¿Qué necesitas tu? ¿Le has preguntado a tu hijo qué necesita?

Te invito a seguir estos sencillos pasos, que te ayudarán a encontrar una correcta comunicación para hacer las peticiones a tus hijos que los encaminen hacía la educación que deseas.

  1. Observación del evento neutro
    Sin juicios, creencias, describiendo objetivamente lo que ha sucedido. Exponemos nuestra percepción para que el otro, en este caso nuestros hijos, pueden entender de dónde viene nuestra reacción. Ejemplo: “Veo que hay un plato sucio sobre la mesa aún”, “Juanito está llorando porque le has quitado su juguete”.
  2. Expresión de los sentimientos
    La segunda parte es puramente emocional. Esta explica e implica al otro, expresando como el evento mencionado antes te hizo sentir. Cuéntale con palabras simples qué es lo que estas sintiendo en este momento. Ejemplo: “me siento cansada de recoger todos los platos”, “me siento enojada cuando lastimas a tu hermana”.
  3. Expresión de las necesidades
    Decir qué es lo que necesito para no sentirme así. Compartir como nos sentimos y cómo nos gustaría sentirnos en situaciones similares de cara al futuro. “Necesito tu cooperación”, “Necesito que no lastimes de nuevo a tu hermana”
  4. Formulación de la petición
    Finalmente, realizamos una petición, una acción que se pueda realizar, y que permita a ambos ser mejores personas en pro de una educación guiada por el amor. Ejemplo “Te pido de favor que no golpees al perro”.

Estos pasos inicialmente podrían ser aplicados por los padres, pero como ya sabemos, los niños aprenden desde el ejemplo. Serán ellos mismos, quienes bajo este mismo esquema, aprenderán a expresar de manera natural, sus propias necesidades a padres, profesores, amigos, hermanos, etc. de una manera más empática y eficiente.

Necesidades Primarias

La etóloga y apasionada naturista Jane Goodall, dedicó gran parte de su vida a observar el comportamiento de los chimpancés y pudo descubrir la importancia que el vínculo afectivo tiene en la supervivencia de su especie, y cómo este puede perdurar una vida entera, como pudo comprobar en una madre y una hija chimpancés. Incluso expresa que pudo aprender mucho de la labor de ser madre a través de ella. La educación y crianza no es exclusiva del ser humano.

Somos de las especies con mayor vulnerabilidad en etapas tempranas de desarrollo, por eso la gran importancia del vínculo con nuestros padres, y la gran dependencia que se genera en edades tempranas. A pesar de nuestra evolución, seguimos siendo animales que buscamos sobrevivir a toda costa: Ser visto, reconocido, pertenecer al clan es de vital importancia en el reino animal, aquellos miembros que se alejan de la manada, sobre todo los más pequeños, tienen mayor riesgo de morir y de ser alimento de un depredador.

Nuestros hijos, al ser pequeños, sin importar su sexo, cultura o nacionalidad no son la excepción. Todos buscamos instintivamente en edades tempranas la ACEPTACIÓN, AMOR, PROTECCIÓN, SEGURIDAD de nuestros padres, que son recursos que, finalmente, como especie humana fortalecen nuestro vínculo afectivo, garantizando una mayor probabilidad de sobrevivir.

Todo comportamiento inadecuado es un mensaje del niño, una manera incorrecta de expresar su necesidad primaria. Aprendamos a escuchar sus verdaderas necesidades y, sobre todo, a atenderlas desde el reforzamiento positivo.

Ya que si el niño descubre, por ejemplo, que la “llave” del berrinche o agresividad abre la “puerta” de la atención de papá o mamá, lo más obvio es que la seguirá usando, pues es una herramienta que le resultó útil.

Si por el contrario, le brindamos la atención que requiere, por medio del reconocimiento de actitudes positivas, reforzaremos sus buenas acciones y cambiaremos la “llave”: Por ejemplo: “que bien guardaste tu ropa hoy”, “eres muy cooperador cuando levantas tu plato de la mesa.”

El niño busca satisfacer su necesidad primaria, sin importar como sea el medio.

Con el paso del tiempo repetirá las acciones que lo llevan a encontrar el resultado deseado, que satisfagan sus necesidades. Y los comportamientos inadecuados, acompañados por límites, respeto y consecuencias lógicas tenderán a aminorar o desaparecer.

¿Consecuencias o Castigos?

Antes de hablar de consecuencias o castigos, me gustaría aclarar el tema de límites.

Límite es el respeto por el medio ambiente, por los otros y por nosotros mismos. Cuando la acción de un niño se considera irrespetuosa o que traspasa estos límites, podríamos considerar que es un comportamiento inadecuado y ante éstos tenemos la posibilidad de decidir el tipo de disciplina que usaremos según nuestras creencias e intuición para encaminar a nuestros hijos a ser mejores personas.

Antes de los tres años es nuestra responsabilidad como padres velar por estos límites hasta que desarrollen su voluntad: Les informaremos de los límites que hemos previsto para ellos. A partir de esa edad –dependiendo de muchos factores y según el contexto de la situación y las características del niño– podemos empezar un proceso de diálogo, establecer y consensuar nuevos límites y normas con ellos en reuniones familiares.

Un recurso muy importante es el uso de consecuencias lógicas o naturales (ya sean positivas o negativas) que forman parte de una disciplina positiva, que refuerza la plena consciencia y la libertad de decisión, preparando niños que se convertirán en adultos responsables de sus actos. Algunos padres creen que estas consecuencias, suplen el castigo o el premio, pero nada más equivocado, te explico por qué.

Una consecuencia lógica o natural, según la Real Academia Lengua Española, es un hecho o acontecimiento que se sigue o resulta de otro. Es decir, si sales a la calle con sweater y hace sol, te podría dar calor. Si llueve y llevas sandalias, te mojas los pies. Si no comes ahora porque no tienes apetito, lo tendrás después.

Estas consecuencias no son dictadas por los padres, sino por la vida misma, la naturaleza, el curso del tiempo y uno aprende de ellas, de manera que puede preverlas e incluso decidir hacer algo diferente para evitarlas.

Siempre que podamos debemos permitir estas consecuencias. Que ellos mismos tengan el poder para decidir sus propios actos. Claro, mientras estas consecuencias no pongan en riesgo su seguridad, salud o integridad, el respeto a los demás o medio ambiente.

En estos casos en lo que no podemos permitir que experimenten las consecuencias naturales de sus actos, es donde entran en juego las consecuencias lógicas dictadas por un adulto consciente. Éstas tienen que tener relación con la acción o comportamiento inadecuado, ser respetuosas, razonable y conocida con anticipación. Por ejemplo “Si le pegas al perro con el palo, tendré que quitártelo”, “Si no me das la mano al cruzar la calle, tendré que sujetártela yo”, “Si sigues corriendo en el museo, tendremos que irnos, porque puedes romper algo”.

Y en el mejor de los casos, podemos brindarle la capacidad de decisión para reforzar su individualidad y libertad, dando opciones, por ejemplo: “No puedes correr dentro del museo,¿ te parece si al final vamos al parque para que puedas hacerlo?”, “No puedes usar traje de baño para ir a la fiesta, pero puedes elegir una de estas 3 camisetas la que más te guste”, “¿Te gustaría que al cruzar la calle te dé la mano papá o mamá?”.

Será más efectivo si nos enfocamos en la solución.

A diferencia de los castigos, las consecuencias brindan asertividad y respeto, no se trata de imponer a los demás, o de corregir una conducta, sino que simplemente se deja que suceda lo que tenga que suceder de forma natural sin intervención adulta o se informa de lo que uno va a hacer con respecto a una situación concreta.

El castigo trae como consecuencias en el niño emociones negativas como: enojo, ira, agresividad, violencia, sumisión e incluso deseo de venganza. Ya que es por medio del miedo, chantaje emocional, amenazas o incluso maltrato físico que forzamos a los niños a actuar de la manera en la que el adulto considera correcta. En este caso, no hay entendimiento de las causas ni de las reacciones de la acción o comportamiento inadecuado. Y por último, el premio, podría vivirse como un soborno.

Dejemos que las consecuencias naturales positivas muestren a nuestros hijos que el actuar respetuosamente (con uno mismo, el medio ambiente y los que nos rodean), el mantenerse en los límites y actuar positivamente nos harán buenas personas hoy y siempre. Ese aprendizaje es el que nos tiene la vida, día a día, el resto de nuestras vidas.

Disfrutemos a nuestros pequeños que crecen a pasos agigantados y dejemos que nuestra intuición de padres o madres fluya. Siempre hay mejores maneras de alcanzar los objetivos, pero hay que estar más enfocados en mejorar el proceso. El resultado llegará solo…

Siempre haremos lo mejor que podremos, con los recursos que poseemos. Hoy, eres la mejor madre o padre que has sido, y mañana serás mejor.


Este artículo forma parte de la Revista EDBO nº6 Especial Infancia.


Si te gustó este artículo, compártelo ¡Gracias!

© Escuela de Descodificación Biológica Original 2018 – Todos los derechos reservados.

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos y no corresponde a los profesionales de las terapias naturales suspender tratamiento alguno o no seguir los consejos médicos.


Curso online: Masterclass: ¿Cómo se relacionan las enfermedades con las emociones?

Docente: Ángeles Wolder
Fecha de Inicio: 09 de Julio del 2018

Más información

Vive la experiencia Bio-Lógica

Nos une un mismo interés.
Hazte bio-lógico con EDBO y descubre la diferencia.

CURSOS  CONSULTA  ACTIVIDADES  YOUTUBE

 


Escribir una respuesta

Consulta aquí el aviso legal y la política de privacidad

X