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Bebe emocional
9 May 2018

EL BEBÉ EMOCIONAL, EL FUTURO SE ESCRIBE AHORA

Desde el momento de la concepción y durante toda la infancia se van forjando todas las situaciones y experiencias que definen nuestra vida adulta, si aportamos en la infancia los recursos necesarios podremos darles una mejor oportunidad a los niños con los que nos relacionamos.

El bebé emocional, el futuro se escribe ahora

Por Enrique Blay


Hay una conciencia general de que hay que cambiar los modelos relacionales con bebés y niños, de que los adultos tenemos que mejorar nuestros conocimientos y nuestra forma de contemplar la gestación, el nacimiento, la crianza y la educación. Además de la propia experiencia, intuición y sensibilidad, lo que ahora sabemos desde la evidencia científica, especialmente en los campos de la neurociencia y la psicología, nos obliga a ello. La gestación, nacimiento y primera infancia son las épocas más importantes y delicadas en la historia de cada ser humano.

Hoy podemos afirmar que en la historia de cada persona, los hechos acontecidos en su gestación, nacimiento y primera infancia, son más importantes para ella, que los que puedan sucederle el resto de su vida. En la gestación, nacimiento y primera infancia se encuentran las raíces de lo que de adultos nos gratifica, o por el contrario, nos altera, desarmoniza o enferma.

¿Cuándo se inicia el desarrollo psicológico en el ser humano?

En las últimas décadas se ha ido situando cada vez más atrás en el tiempo, el momento del inicio del desarrollo psicológico. Hasta hoy, en que tanto las investigaciones en neurología como en psicología, llevan a la conclusión de que el desarrollo psicológico se inicia desde el mismo momento de la concepción. Sobre una base genética, heredada de los padres, que supone una “tendencia” conductual específica a cada individuo y del desarrollo fisiológico particular en cada individuo, las experiencias vividas moldean el cerebro. El cerebro es influido directamente por las experiencias a causa de la denominada “plasticidad neuronal”, por la que directamente se modifican las estructuras cerebrales, dejando huellas profundas e imperecederas en su arquitectura.

En un momento en que, literalmente, el cerebro se está construyendo en sus cimientos -como es en la gestación, nacimiento y primera infancia-, es fácil deducir la importancia que tienen las experiencias tempranas en la formación del carácter y la personalidad (haz click aquí para ampliar este conocimiento).

Hasta ahora prevalecía la idea de que la genética era el factor determinante en el carácter de las personas. Este factor hereditario se consideraba la clave para entender las características y diferencias psicológicas en cada individuo. A la influencia de las experiencias se le reservaba un papel secundario y en todo caso, esa influencia dependía del carácter de la persona, basado en su legado genético. En la polémica entre herencia y ambiente, se fue haciendo cada vez más patente la fuerza de las experiencias, pasando la herencia a ser considerada una tendencia, una base, sobre la que las viviencias particulares de cada persona, eran decisivas a la hora de construir la forma de ser característica y definitoria de cada individuo. Hoy sabemos que, salvo factores genéticos que dan lugar a malformaciones en la fisiología del sistema nervioso (que limitan las capacidades mentales y/o físicas), la influencia de la herencia es una tendencia o predisposición a un perfil psicológico concreto, igual que lo es para algunas patologías psicológicas (como por ejemplo, esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión). Esta constitución heredada, estos esquemas biológicos predeterminados, es lo que llamamos “temperamento”.

El bebé y el niño tienen unas características temperamentales particulares, marcadas por la herencia. Pero la construcción del carácter, su acabado final y su personalidad, dependerán principalmente de las experiencias que atraviese. El carácter va forjándose sobre el temperamento particular de cada uno, en la forma concreta y única en que vivencia y hace suyas esas experiencias. Por eso es tan importante considerar, en base a las diferencias de temperamento innatas, una forma diferente de comunicarse con cada bebé o niño. Una misma experiencia, unas palabras iguales o unos hechos similares, serán percibidos de manera muy distinta por unos u otros.

La experiencia y el inconsciente

La siguiente pregunta sería: ¿Desde cuándo un ser humano puede tener experiencias que influyan en su desarrollo psicológico? Ya no hay duda: desde el mismo momento de la concepción. A lo largo de la gestación, en el nacimiento y la primera infancia, son épocas en que el cerebro está en pleno desarrollo y construcción cerebral, por lo que es fácil deducir el impacto producido en él por las experiencias tempranas. Esas experiencias tempranas quedan grabadas en nuestro inconsciente.
La mente humana tiene dos grandes componentes, el consciente y el inconsciente (o subconsciente).

Podemos decir que yo no soy, ni mucho menos, sólo mi parte conocida y consciente, sino que, escondida a mi conciencia hay un enorme inconsciente, que es parte fundamental de mis procesos mentales.

EL BEBÉ EMOCIONAL EL FUTURO SE ESCRIBE AHORAAparentemente, nuestro consciente es el que rige nuestros pensamientos, conductas y emociones. Como somos conscientes de todo ello, tenemos la ilusión de que somos dueños de todos nuestros actos y sentimientos. Pero no es así. En nuestro interior, en nuestro inconsciente, se encuentran las raíces de lo que finalmente percibimos en nosotros mismos, de forma consciente. Se encuentran las raíces de nuestra forma de ser, de cómo procesamos todo lo que percibimos y experimentamos, de nuestro sentir y de nuestra conducta. Aparte, por supuesto, del funcionamiento biológico de nuestro cuerpo. El inconsciente ejerce una invisible, pero profunda influencia, sobre las cosas que hacemos y cómo nos comportamos y sentimos. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99 % del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Es evidente que estamos ante un hecho fundamental para la comprensión de nuestra forma de ser y sentir.

El inconsciente escapa de nuestra conciencia y está compuesto por experiencias, emociones, sentimientos, etc. Experiencias vividas desde la gestación, en que las células, el sistema nervioso, el cerebro, van almacenando información sobre ellas. Experiencias y sus consecuentes percepciones, que afloran el resto de nuestra vida, a modo de programas grabados en ese inconsciente. Programas presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos: activos e impulsivos. Estamos pues ante un hecho fundamental para la comprensión de nuestra forma de ser y sentir.

Formación (programación) del Inconsciente

Simplificando, podríamos decir que el cerebro es como un ordenador, cuyas piezas fundamentales son las neuronas y sus conexiones entre ellas, las sinapsis (formando las redes neuronales). Desde el momento de la concepción el cerebro empieza a construirse, creándose las neuronas, que al final de la gestación, a un ritmo de 250.000 por minuto, alcanzará el imponente número de alrededor de cien mil millones, muchas más de las que realmente necesita (más tarde se da un proceso de poda por el que las neuronas que no se utilizan, y las dendritas que no se conectan, se atrofian y mueren), Se inician las primeras conexiones entre ellas. Teniendo en cuenta que cada neurona puede llegar a conectarse con otras 50.000, podemos intuir la fantástica complejidad del cerebro. A lo largo de la gestación se inician la conexiones neuronales, pero es a partir el nacimiento y hasta los tres años de edad donde se disparan, hasta cifras estimadas de un cuatrillón de sinapsis. La estimación de este número disminuye con la edad, estabilizándose en la edad adulta. Las estimaciones varían para un adulto, que van de 100 a 500 trillones de sinapsis.

EL BEBÉ EMOCIONAL, EL FUTURO SE ESCRIBE AHORALo realmente interesante en este caso es que esas conexiones neuronales, esos “programas” que van grabándose en el cerebro, forman parte de una inmensa base de datos que son los que nutren al inconsciente. El Dr. Thomas Verny, en su libro “El futuro bebé”, hace la siguiente y precisa referencia al desarrollo cerebral:
Incluso antes de nacer el cerebro ya ha constituido una plantilla para la personalidad, las aptitudes y las habilidades“. Pero, a pesar de todo este crecimiento y esta definición prenatales, el cerebro dista mucho de estar completo. Es una obra en construcción, y aún ha de pasar por enormes cambios basados en la interacción con el entorno exterior desde el nacimiento hasta la edad de tres años.

La construcción cerebral tras el nacimiento se basa exclusivamente en la creación de redes, que son la manera en que las neuronas se conectan y se comunican entre sí. Antes del nacimiento la experiencia ayuda a establecer los circuitos primarios, creando los cimientos para el desarrollo. Tras el nacimiento, la actividad de las redes se desplaza cada vez a niveles más altos de la corteza cerebral, de la percepción sensorial especializada, del equilibrio emocional, de las aptitudes cognitivas y de las relaciones interpersonales.

Esta compleja red de conexiones determina la fluidez de nuestro pensamiento, la fuerza de nuestros talentos, la felicidad o la ansiedad con las que nos tomamos el mundo. Y sencillamente, aunque de manera muy profunda, la experiencia estructura el modo en que se forman los circuitos cerebrales.

Desde el momento del nacimiento hasta la edad de tres años, el cerebro es una fábrica de sinapsis y produce conexiones a gran velocidad. La experiencia da forma al producto final a lo largo de la infancia y la adolescencia, puliendo así mismo las conexiones”.

Si el cerebro está en construcción durante la gestación (neuronas y primeras sinapsis), si hasta los tres años después del nacimiento se generan una inmensidad de nuevas sinapsis (conexiones neuronales, redes neuronales), si la calidad y efectividad de todo ello depende de la experiencias que atraviesa el individuo en estas etapas, y si resulta que se están definiendo las programaciones inconscientes que influirán en nuestra forma de ser y de sentir el resto de nuestra vida, es más que evidente la necesidad de otorgar al bebé intrauterino, al nacido y en la primera infancia, un entorno que permita un saludable desarrollo psicoemocional.

Gestación, Nacimiento y Crianza

La prevención siempre es mejor que la cura y para prevenir el equilibrio emocional y la salud mental, es mucho más efectivo y menos dificultoso cuidar la relación entre padres e hijos, que tratamientos psicológicos en los adultos.

Para crear ese vínculo, para que un bebé o un niño se sienta amado, debemos conocer sus necesidades emocionales y satisfacerlas.
Sentirse amado lleva a altos niveles de autoestima, que a su vez, es el ingrediente básico para el desarrollo de la Inteligencia Emocional. Sentirse amado es sentirse feliz.

Hemos visto lo fundamental de las etapas de gestación, nacimiento y primera infancia. En ella se van a asentar además las bases de dos aspectos fundamentales: el tipo de relación que se establece entre padres e hijos y la percepción del bebé y niño de su propio ser.

EL BEBÉ EMOCIONAL, EL FUTURO SE ESCRIBE AHORASobre estos dos aspectos se construirán posteriormente sus capacidades sociales, que definirán la forma en que se relacionará con los demás. Sus futuras relaciones interpersonales tendrán como referencia el vínculo afectivo o apego -mantenimiento y desarrollo de los lazos afectivos con personas cercanas- especialmente, en el inicio, con la madre. El vínculo afectivo o apego es una relación emocional intensa, segura y perdurable con una persona o cuidador específico. Los primeros dieciocho meses son un período crítico para el establecimiento positivo de este apego primario. Apego que inicialmente se establece con la madre (por algo ha estado nueve meses en simbiosis con ella), aunque puede darse el caso en el que sea el padre (o la abuela, u otra figura próxima al bebé) el que ejerza la función maternizante de forma efectiva.

Lo normal es que el bebé (especialmente si su vínculo primario es percibido como seguro), con el tiempo, abra su atención al otro miembro de la pareja y a otras personas de su entorno más cercano. Los sistemas del cerebro humano responsables de las relaciones sociales se crean y desarrollan a lo largo de la gestación, en el nacimiento (como experiencia emocional intensa) y durante los primeros años posteriores. Las experiencias vividas en estas etapas, especialmente la calidad del apego primario, influirán poderosamente en el desarrollo de las capacidades que definen el establecimiento de vínculos sanos y constructivos con los demás, como la empatía, el afecto, la generosidad y el amor. Desde la concepción y hasta los tres años de edad se construyen y definen los sistemas cerebrales responsables de todo el funcionamiento cerebral, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida.

Si en los primeros años desde el nacimiento, los padres son capaces de escuchar y atender las necesidades emocionales de sus hijos (que es cuando es más fácil hacerlo), se habrá establecido una confianza y seguridad mutua, que permitirá que la relación posterior, cuando el niño crezca (que es cuando su mundo emocional se intensifica y se hace más complejo), sea fluida. La crianza viene a ser como la construcción del barco con el que luego navegaremos por los mares. Cuanto mejor sean sus materiales y su diseño adaptado a nuestras necesidades, más seguros viajaremos, mejor podremos afrontar las dificultades y disfrutar de las travesías. Una crianza basada en atender las necesidades emocionales de los bebés y niños, creando un intenso y profundo vínculo afectivo, es una sólida base para recorrer con ellos el camino posterior armoniosamente, pudiendo afrontar los conflictos y dificultades que se presenten como una oportunidad de aprendizaje y un reforzamiento de la relación.

En sus primeros años desde su nacimiento, el bebé y el niño van a empezar a construir su autoimagen, la visión que tiene de él mismo. Si en la crianza se le atienden sus necesidades emocionales, sentirá que tiene valor en sí mismo, que es importante para sus padres. Son los cimientos de una autoestima, que será indispensable ayudarle a desarrollar los años posteriores, a lo largo de la infancia. También va a establecer su forma de contemplar a los demás: confiando o temiendo, y el tipo de comunicación que se puede esperar recibir: empática o con juicios.

Un cambio necesario

Un cambio en las formas y modelos relacionales con bebés y niños que, sin dudarlo, ha de plantearse desde de la raíces del desarrollo humano, desde la gestación. Un cambio sobre la forma de afrontar la relación madre-bebé intrauterino y en las formas de acompañar el parto y el nacimiento. Un cambio en los modelos relacionales con bebés y niños en la crianza y en la educación. Las experiencias tempranas y a lo largo de la infancia, definen las características en que cada uno se relacionará con los demás. Facilitaremos en el niño la capacidad plena del respeto, la empatía, la tolerancia, la generosidad, la compasión, el altruismo, el amor por uno mismo y los demás, la sensibilidad por los animales y la naturaleza, si somos capaces de que esas experiencias contengan esos valores, si los han recibido de nosotros. Produciremos lo contrario si las experiencias que atraviesan bebés y niños, contienen los valores opuestos. No cabe duda, un ingrediente básico de la educación es nuestro ejemplo.

Claudio Naranjo escribe, en su obra: “Cambiar la Educación, para cambiar el Mundo”: “Si es tan difícil transformar a un adulto, puede resultar más sencillo comenzar con los jóvenes. Si pensamos en términos de una perspectiva global, teniendo en cuenta las necesidades más vitales que nos acucian como habitantes de esta tierra, la educación, y en particular toda ayuda que pueda prestarse al crecimiento de los dad, sobresale de entre todas las estrategias posibles como la más adecuada en orden a poder intervenir conscientemente en nuestra propia transformación evolutiva.”

EL BEBÉ EMOCIONAL, EL FUTURO SE ESCRIBE AHORAEsas experiencias tempranas también sirven para iniciar el conocimiento de nosotros mismos, para construir nuestra autoimagen y el desarrollo de la autoestima. Lo facilitaremos en el bebé y en el niño si comprendemos su mundo emocional, si escuchamos, aceptamos y damos salidas a sus emociones. De ello dependerá la forma en que las manejarán después las suyas y las de los demás. No cabe duda, otro ingrediente básico de la educación es comprender y saber tratar el mundo emocional de bebés y niños.

Preocuparse del futuro es preocuparse del ahora. De todas formas, da igual que tengas en cuenta o no las consecuencias futuras en la forma de tratar, criar y educar a bebés-niños. Tanto a nivel individual, como global. Lo realmente importante es que ahora sean felices, que se sientan amados incondicionalmente. En eso es en lo que te tienes que centrar y tener como objetivo si eres madre o padre. No se trata que lo hagas solo porque has leído que si no actúas así o asá, tu hijo tendrá problemas posteriores. Lo has de hacer, sobretodo, porque sientes y sabes que es lo mejor para ellos, ahora.

Sin embargo, no te quepa duda de que si consigues que tú hijo se sienta incondicionalmente amado ahora, también su futuro y el de todos nosotros será mejor.

Descodificación Biológica y el origen de la enfermedad

Una de las causas del origen de la enfermedad, desde la perspectiva de la Descodificación Biológica, son los conflictos emocionales traumáticos. Conflictos que pueden ser Programantes o Desencadenantes.

Los Conflictos Programantes son fruto de experiencias, generalmente tempranas (a lo largo de la gestación, en el nacimiento, e infancia hasta la adolescencia). Experiencias de alta carga emocional negativa o traumática. Toda experiencia temprana, a partir del momento de la concepción, afecta la arquitectura del cerebro. A lo largo de la gestación, desde el parto hasta una tarde pasada en el parque, el bebé registrará todas sus experiencias en los circuitos de su cerebro. El estado emocional de la madre gestante, la vivencia del nacimiento, las caricias de una madre a su bebé, el hecho de que un padre juegue o no con su hijo, son actos fisiológicos que se convierten al instante en procesos neurohormonales que transforman el cuerpo y configuran el cerebro del bebé y del niño.

Una de las claves para la comprensión de las consecuencias de la vida intrauterina, el nacimiento y primera infancia en el futuro del bebé, se encuentra en la “analogía”, mecanismo de disparo emocional de conflictos anteriores (Programantes) a nuestra capacidad natural de recuerdo y productora de la gran mayoría de Actualizaciones Patológicas que padecemos de adultos. El recuerdo inconsciente de vivencias afectivas negativas (como el abandono, la separación, sentirse rechazado, apartado, incomprendido, humillado o falto de seguridad afectiva y de amor) anclado a personas, situaciones y lugares que las acompañaron, queda agazapado, oculto en nuestra conciencia, influyendo en nuestro sentir y en nuestros procesos emocionales posteriores, de niño y de adulto. Con el peligro adicional de que alguna situación o experiencia posterior “similar”, Conflicto Desencadenante, active automáticamente toda la carga emocional negativa que produjo la experiencia inicial (concepto de “raíl”), poniendo en marcha la respuesta biológica consecuente.

Las experiencias tempranas no solo afectan al desarrollo Psicoemocional del individuo, sino también a su Biología y Fisiología, y en consecuencia a sus alteraciones, desarmonías o enfermedades de adulto. Tanto en el ámbito psicológico como biológico-fisiológico.

Qué mejor prevención para la salud holística, global, de las personas, que otorgar a bebés y niños (desde la gestación) un entorno nutriente en lo afectivo, un trato delicado y respetuoso, que permita desarrollar plenamente su Ser, librándole de innecesarias experiencias emocionales negativas o traumáticas que está en nuestra mano evitar, y ayudándoles a afrontar las inevitables, que la vida ya genera por sí misma. 

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Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos y no corresponde a los profesionales de las terapias naturales suspender tratamiento alguno o no seguir los consejos médicos.


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