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3 Nov 2016

“El Arte de Escuchar el Cuerpo”, el libro de Descodificación Biológica Original de Ángeles Wolder

A continuación la directora Ángeles Wolder os regala un extracto del primer capítulo del libro, “El Arte de Escuchar el Cuerpo”, donde se hace una divulgación del modelo terapéutico de la Descodificación Biológica Original.

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>> Aquí os dejamos con un extracto del primer capítulo del libro:

Son las 10.05 h y María acaba de entrar en el ambulatorio. Su hora es a las 10.10 pero le gusta llegar antes por educación y puntualidad, pero, sobre todo, para poder ubicarse y controlar todo lo que ocurre a su alrededor antes de pasar a consulta con la doctora de cabecera, a quién todavía no conoce, pues hace años que no pasa por el centro de salud.

Lleva varias semanas, quizás un mes o dos -ya no lo recuerda- sintiendo molestias en el abdomen a la altura del ombligo, un poco más arriba y por detrás del mismo. Esporádicamente ha tenido problemas de digestión, pero ahora se ha tornado muy pesada y lenta, apenas come, se le inflama el vientre y tiene dolores punzantes. Hasta el momento no le ha dado más importancia, pese a que los síntomas van en aumento. Ha pasado unos días en los que incluso no podía dormir bien, algo que achacaba a comer en exceso por la noche. Sin embargo, se ha acostumbrado a despertarse de madrugada y trasnochar con pensamientos varios hasta quedarse encallada en algún tema, de esos que te hacen caer en un pozo. María tiene muchos pensamientos recurrentes y negativos que no le permiten descansar bien.

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Antes de decidirse a ir al médico pasaron varios días en los que intentó no prestar atención a los síntomas, ya que había llegado a un punto en que para ella estar “mal” era algo normal. Pero lo habitual no tiene porqué ser lo normal.

Previo a la consulta médica María se automedicó para mejorar sus problemas digestivos. También tomó tisanas, siguió una dieta sin carnes, vinos, grasas ni harinas, pero el resultado siempre era el mismo, ausencia de mejoría e incluso, en alguna ocasión, los síntomas iban en aumento. Después de todos los intentos por mejorar sin ver cambios positivos, se ha decidido a acudir al médico de cabecera.

Al entrar en la consulta, le llama la atención una placa colocada, quizás olvidada, en el negatoscopio. Se dice a si misma que el dueño o dueña debía de estar muy mal para tener tantas manchas negras en aquello que parecen ser unos pulmones. Nunca le ha atraído demasiado la biología. El funcionamiento del cuerpo humano le tenía sin cuidado y menos aún conocer las enfermedades, porque el simple hecho de tener un resfriado ya le resulta tan preocupante que enseguida llama a una amiga de su madre, que es médico, para explicarle sus síntomas. Además, desde que tiene ordenador lo consulta todo por internet y muchas veces acaba apagándolo porque entra en pánico cuando ve todo lo que podría estar sucediéndole. ¿Por qué no había consultado antes?

Algunos días más tarde, regresa a la consulta donde le esperan los resultados de sus pruebas, de nuevo con suficiente margen de tiempo antes de su visita. Mientras espera, aprovecha un momento en que no hay nadie en el mostrador e informa a la enfermera que ya ha llegado. Al escuchar su nombre, María enseguida nota que la respuesta de la enfermera no es indiferente, lo que le hace presentir que algo no va bien. Su cuerpo reacciona en un instante electrizándose de arriba abajo, con temblores y con la respiración y el corazón desbocados. ¿Qué motivo tiene la enfermera, que no le conoce de nada, a quien no ha visto nunca antes, para saber quién es ella?

Por su cabeza pasan millones de preguntas sin respuesta, sin coherencia alguna y, sin duda, ninguna de ellas es tranquilizante. La doctora le hace pasar enseguida, aunque a María le parece que ha pasado una eternidad. Toma asiento, respira hondo y busca desesperadamente una mirada complaciente, pero en vez de ello, los labios de la doctora solo dicen: “siento comunicarle que…”. El mundo comienza a desvanecerse bajo sus pies, se pierde en las explicaciones y ya no presta atención cuando la doctora le comunica el pronóstico. Ya no recuerda nada de ese momento y, lo poco que recuerda, es muy difuso, confuso.

La escena inicial de la película 50/50 muestra este momento de confusión y desconexión ante un diagnóstico inesperado que deja a la persona totalmente descolocada. En menos de 3 minutos queda visiblemente retratada la vivencia de shock ante un diagnóstico lo que nos permite comprender mejor lo que vive María ante ese “siento comunicarle que…”

¡Qué diferencia encontrarían las personas si al llegar a consulta el médico y todo el personal sanitario practicaran una medicina holística y tuvieran en cuenta la totalidad de la persona a nivel físico, mental y emocional! Observar la totalidad, no una rodilla, no específicamente la rodilla izquierda, no solo el menisco o un trozo de colon, de esófago o pulmón, sino la totalidad de ese ser que se presenta desamparado con sus dolores y molestias ante una bata blanca que quizás le aterra. Un ser humano que vive algo que le preocupa y que desea desembarazarse de ello rápidamente busca ayuda porque solo o sola no lo ha conseguido. Prestar atención a la totalidad del ser humano significa que los sanitarios se interesarían por todo lo que rodea a la persona, lo que incluye también tener en cuenta cómo está la vida de la misma en el momento en el que aparece una enfermedad. No se trata únicamente de observar la parcela específica del cuerpo que no funciona bien y por la que el paciente va a consulta. Como humanos íntegros, completos y armónicos, si una parte del cuerpo no nos funciona seguramente es porque en otro lugar algo tampoco funciona.

¡Qué diferente sería si en lugar de dejarse llevar por estadísticas y por sus propios miedos, tanto el personal sanitario como los usuarios pudieran confiar en el proceso de la vida y conocieran las leyes de la naturaleza! ¡Qué distinto sería si, además de mirar el aspecto físico, preguntaran por lo que le ocurre en el entorno inmediato, por la vida cotidiana, por si tiene o no familia y cómo vive en ella, por las vivencias que hubieran podido ser dramáticas e inesperadas y les pudieran decir dos o tres palabras o una frase sobre el tipo de conflicto específico en relación a los síntomas que manifiesta la persona!

Y qué hubiera vivido María si al llegar por primera vez a consulta y al describir lo que le llevó a ir al médico, le hubieran preguntado:

“¿Has vivido alguna situación dramática, inesperada, sin solución durante los últimos dos meses y que aún no has podido expresar en la que sentías que luchabas por un bocado y eso era muy indigesto?”

¿Por qué le hace este tipo de pregunta? Porque para los acompañantes de Descodificación Biológica Original todo síntoma tiene su inicio en el momento en el que la persona vive un evento para el que no está preparado y éste es dramático. Lo que vive en ese instante a un nivel muy profundo de su ser no lo puede expresar y se encuentra sin solución para resolverlo. Es en ese momento en el que el cerebro descarga la tensión vivida a través del cuerpo y lo hará siempre siguiendo un patrón concreto que mantiene una coherencia biológica.

Dicho de otro modo, cuando el cerebro se encuentra en peligro por el estrés vivido, le transmite la responsabilidad de la gestión al órgano más idóneo para evacuarlo.

Como sabréis, cada órgano del cuerpo tiene una o varias funciones biológicas específicas, que se verán alteradas produciendo más o menos actividad cuando la psique viva algo que le ha desestabilizado en un instante concreto. El momento desestabilizante de shock se denomina conflicto biológico. Es como si todo ocurriera en un segundo en el que queda grabada en el cuerpo la información de todo lo vivido mediante un pensamiento y unas sensaciones físicas concretas e identificables. Por eso no se trata de una emoción sino de algo vivido de forma muy visceral que podemos llamar sentir profundo.

Antonio Damasio (1994), que ha trabajado en neurobiología observando la relación de las emociones y el pensamiento, describe cómo las sensaciones corporales o marcador o huella somática llevan a la consciencia las emociones relacionadas y cómo éstas regulan el pensamiento. La emoción es la etiqueta o nombre que le asignamos a un pensamiento que está acompañado de unas sensaciones corporales específicas. Es un movimiento interior. Todo lo que se vive en el momento de estrés es captado mediante los sentidos: gusto, oído, olfato, vista y tacto que en futuras situaciones se convertirán en alertas o avisos del posible peligro. Son las pistas o raíles que nos previenen de alejarnos de algo que puede doler en nuestra consciencia. Todos estos conceptos los iremos ampliando a medida que avancemos en la materia. Pero veamos ahora nuevas posibilidades de comunicarle a María su situación.

Otras formas de plantearle la pregunta a María podrían ser: “¿Has vivido algo muy indigesto que pueda estar relacionado con algo relativo a herencias, a algo que te pertenece y que te lo quieren sacar de malas maneras?” O “¿has vivido alguna situación para ti muy dramática en la que te hubieran dejado de lado sintiendo vergüenza, deshonra, descrédito o quizás una fuerte sensación de infamia?” Hay muchas alternativas para preguntar sobre el conflicto biológico vivido y cada persona tiene un acceso particular. En el instante en que escucha la pregunta adecuada a la vivencia su inconsciente le acompaña a un momento de su historia reciente y ¡Eureka! ¡Reconexión!

De nuevo revive las sensaciones corporales de su sentir profundo, le corre un escalofrío por todo el cuerpo, tiembla, le sudan las manos, se le eriza la nuca, un nudo le aprieta la garganta y de repente recuerda la historia ya olvidada de una conversación con su tía materna, la hermana pequeña de su madre.

Su tía, una mujer soltera y dedicada a su trabajo, es la que le ha hecho de madre desde que su madre murió cuando María tenía 12 años. Es la única persona de la familia materna que mantiene relación con ella. Siempre le aconsejó lo mejor que pudo desde el primer momento en que se hizo cargo de ella, o al menos así lo ha sentido ella, pero la última conversación con su tía fue completamente inesperada y extraña y le había dejado descolocada. La historia comienza con sus ganas de independizarse.

María ha tenido unas acciones herencia de su madre que por consejo de su tía nunca había tocado. “Ese dinero es mejor que lo tengas por si un día tienes un apuro” le repetía la tía cada vez que la joven quería comprarse algo fuera de lo habitual o hacer un gasto extra. Ahora María ha acabado sus estudios universitarios y su máster, ha estado 4 años viviendo en el exterior y, al regresar, quiere vivir sola. Para ello necesita dinero, así que ya ha calculado todo lo que puede conseguir para llevar a cabo su proyecto personal mediante la venta de las acciones.

Con 29 años ya es hora de comenzar su vida, justo la misma edad que tenía su madre cuando se fue a vivir con su padre, a quien la familia materna nunca aceptó, motivo por el que cortaron relaciones con ellos.

Proyecta y organiza todo en su cabeza, pero cuando decide cobrar las acciones, su tía le comenta que ya no podrá hacerlo debido a que las usó cuando se vio obligada a cerrar la peluquería y tuvo que pagar a la empleada, y además le dice que le dieron muy poco dinero por ellas. Fue un instante, un instante suficiente para que todo se borrara, para que sintiera que el mundo se desvanecía bajo sus pies y que sus ilusiones se derrumbaran. Y fue eso, solo un instante, porque enseguida reflexionó y se dio cuenta de que no debía preocuparse por algo material, menos aún con toda la ayuda y cuidados que le había dispensado su tía: ¡cómo ella iba a quejarse ahora y reclamar tan poca cosa!

Imaginemos que María está con un trabajador sanitario que conoce la Descodificación Biológica Original. Después de comentarlo con él y de sentir la emoción visceral y revivir las sensaciones corporales, sin saber ni cómo ni por qué, las molestias comienzan a desaparecer. Hasta ese entonces ella estaba viviendo como si aún estuviera en el instante de desconcierto que le provocó la noticia dada por su tía con todo su cuerpo bajo estrés. Cuando estamos en una situación similar las reacciones físicas son controladas por el sistema nervioso simpático y por eso a esta fase se le llama de estrés o simpaticotonía.

Una vez descargado el sentir profundo en el interior de María, algo cambia y nota un gran alivio. Esa tarde se siente muy cansada y hace una siesta de dos horas, algo que jamás le había ocurrido antes. Durante unos días tiene sensaciones raras, fatiga, febrícula y a veces le duele la cabeza. Éstos son los síntomas lógicos que nos proporciona el cuerpo para colocar al sujeto en posición de reposo, algo indispensable para que los tejidos puedan repararse. A esta fase se le llama de vagotonía o reparación porque predomina el sistema nervioso parasimpático en la reconstrucción de los tejidos.

A partir de ese momento las molestias digestivas comienzan a desaparecer. Si todos, usuarios y médicos o paramédicos, conociéramos un poco mejor el funcionamiento del cuerpo en las fases de la enfermedad, podríamos seguir otro tipo de recomendaciones: colocar hielo en la cabeza, dormir con la cabeza elevada, descansar, alejarse de preocupaciones, y atender y cuidar al cuerpo para que pueda reconstruirse.

Han pasado unos días desde que María saliera un poco desconcertada de la consulta médica. Lo ha comentado con su familia y con algunos amigos. Cada uno le da su opinión, desde tratamientos médicos tradicionales, como otras opciones alternativas. Le presentan un abanico de tratamientos, desde los alopáticos hasta los complementarios o alternativos, absolutamente desconocido para ella hasta la fecha: dietas, Medicina china, Acupuntura, Reiki, Medicina Biológica, Oncología Holística, Psico-oncología, Medicina molecular, y las conocidas Quimioterapia, Radioterapia y cirugía. Son tantas que ni siquiera se ve capaz de investigar cómo es cada una de ellas.

También ha buscado por su cuenta qué era lo que le había causado su enfermedad y no ha encontrado respuestas con la medicina occidental. Como es habitual en ella, consultó en Internet e ingresó en la página web de la Asociación Americana del Cáncer (ACS) para buscar información sobre las causas. Sin embargo, no sólo no acabó de entender lo que encontró, sino que se le enmarañaron las ideas un poco al leer lo siguiente:

“Un factor de riesgo es todo aquello que afecta la probabilidad de que usted padezca una enfermedad, como por ejemplo el cáncer. Los distintos tipos de cáncer tienen diferentes factores de riesgo. Algunos factores de riesgo, como el fumar, pueden cambiarse. Otros factores, como la edad de la persona o sus antecedentes familiares, no se pueden cambiar.”

María lee atentamente frase tras frase, pero no llega a ninguna conclusión: ¿Qué factores de riesgo ha tenido ella? ¿Son justamente estos riesgos los que le han provocado la enfermedad? ¿Es debido a sus propios actos o ni siquiera debe sentirse responsable? Tiene cientos de preguntas en este momento en su mente, así que sigue leyendo:

“No obstante, el tener un factor de riesgo, o incluso varios factores, no significa que una persona padecerá la enfermedad. Además, muchas personas que adquieren la enfermedad pueden tener pocos o ninguno de los factores de riesgo conocidos.”

De algún modo, eso le podría llegar a tranquilizar, pero al fin y al cabo María sigue sin saber a qué factores de riesgo se podría estar enfrentando, ni si se trata una cuestión de azar y a ella le ha tocado la mala suerte. No consigue entender lo que pretende transmitir el texto e intentar llegar a una conclusión le genera aún más dudas y frustración. Al fin y al cabo, no define nada, no le aclara nada de su situación y, por lo que ella cree, tampoco soluciona las dudas de nadie, ya que es la ley del todo vale, tanto puede ser tu responsabilidad como no. Una vez más, sus ansias por encontrar una respuesta le han generado aún más interrogantes y más miedos.

Revisa la lista de factores causales que ha encontrado en la página web sobre el cáncer de páncreas y va descartando lo que no le implica a ella. No come excesivas grasas, no fuma, no tiene sobrepeso y no ha trabajado en empresas donde se expusiera a químicos tóxicos. Es joven, mujer y no tiene antecedentes familiares. Hace años que come muy poca carne, y si se da el caso, es algo excepcional, lleva una vida tranquila, lee, hace deporte, practica relajación una vez a la semana, desde pequeña no consume lácteos por recomendación del médico homeópata y naturista al que le llevaba su madre, por lo que lo único que puede suponer es que ha tenido “mala suerte”, que la vida va “en contra de ella” y que le ha tocado esta enfermedad, como si de una lotería se tratase.

Si te ha gustado, quieres ampliar conocimiento y descubrir una nueva mirada hacia la enfermedad…

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Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún otro tratamiento médico o sanitario.

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Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos y no corresponde a los profesionales de las terapias naturales suspender tratamiento alguno o no seguir los consejos médicos.

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2 Respuestas

  1. Juan Perez J
    Juan Perez J

    Angeles, gracias por tus vídeos y la información que trasmites ,es muy interesante. La forma como escribiste tu libro es ameno y me lleva a sabre más. Eres excelente profesional. Gracias

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