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Schutzenberger
5 Abr 2018

Anne Ancelin Schutzenberger y la Psicogenealogía

Cualquier gesto en la vida tiene o puede tener un impacto en otra persona. Nuestras acciones van mucho más allá de lo que nos podemos imaginar. A veces es una frase, otras una palabra, una imagen, un cuadro, una película o un libro. Un simple disparador puede desatar el clic que haga que algo -o todo- cambie en nuestra vida para vivir con mayor armonía.

Anne Ancelin Schützenberger y la Psicogenealogía

Por Ángeles Wolder


PsicogenealogiaNo conocí personalmente a Anne Ancelin Schützenberger pero tome contacto con su obra hace unos 10 años aproximadamente. Fue durante un curso de transgeneracional con Salomón Sellam que despertó en mí el gusanillo de investigar sobre el origen de mis familias paterna y materna. Hubo muchas personas antes de Anne Ancelin que pusieron las bases de los conceptos teóricos del transgeneracional, pero la gracia de ella estuvo en ponerlo en un lenguaje cercano que pudiera llegar a mucha gente. Al salir del curso me sumergí en ¡Ay, mis ancestros!, en algunos lugares traducido como ¡Ay, mis abuelos! y ya no pude parar. Comencé a relacionar datos que me movilizaron despertando un sinfín de emociones, llorar o reír, hablar con unos y otros, hacer esquemas, árboles, buscar fotos y documentos. Comencé a charlar horas con mi madre -que tiene una memoria excepcional del pasado-, investigar más y más llamando a centros cívicos, cementerios, registros civiles, ayuntamientos, asociaciones.
En resumen, durante unos meses mi vida giró alrededor de la vida de mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tataratataras….

Nací en Argentina porque todos ellos llegaron a ese precioso país dejando sus países de origen para buscar un futuro mejor y en ese futuro estamos sus descendientes. Sólo puedo decir GRACIAS por todos los movimientos que dieron como resultado la vida de hoy. Arriesgaron, dejaron y dudaron; pero siguieron. Se despidieron en algunos casos para siempre, añoraron, y todo lo que podáis imaginar…pero sobre todo, vivieron y nos hicieron vivir.

Al leer ¡Ay, mis ancestros! caes de lleno en esa idea de que las casualidades no existen y que el destino lo puedes leer en tu propio árbol a través de múltiples datos como los nombres, las fechas, las actividades que hacían nuestras familias, las profesiones, las migraciones, los movimientos de vida, las relaciones, y en todo lo que te mueva a nivel corporal. La clave transgeneracional que nos ha sido legada se nos pone delante de los ojos sin poder entenderlo hasta que las piezas encajan.

memorias-transgeneracionalesAnne Ancelin Schützenberger no puede saber todo lo que provocó en mí ni qué emoción se despierta en mí al sobrevolar Dinamarca, encontrarme con la familia Wolder, visitar el interior de la casa donde nació mi abuelo, encontrar la primera foto de los bisabuelos, mezclar tierra de Argentina con la de Flynder,  sentir el olor de las iglesias, caminar por los bosques por los que paseó mi abuelo sintiendo el crujido de las ramas y de las hojas secas debajo de mis pies, mirar las playas amplias de Jutland cuyo horizonte se escapa de la vista, sentir el viento que todo lo mueve sobre la piel, disfrutar de las historias de tíos, primos y amigos sobre mi abuelo, ver la pasión con la que observan mi genograma que es su genograma, las risas al encontrarse en el árbol de “una argentina, adoptada por Cataluña que viaja por el mundo buscando sus orígenes”. Fueron las palabras que el alcalde de Lemvig le dijo a un primo al recibir un mail mío.

Seguramente la Sra. Schützenberger ha impactado en muchos más corazones a través de la lectura de sus libros o de los cambios que eso ha producido llegando a gente que ni tan siquiera oyó su nombre. Una anécdota que me emociona relata en parte esto que os digo: primero localicé a parte de mi familia en Dinamarca, luego empezamos a recibir visitas de la familia aquí en Cataluña y un verano se cruzaron por unos días dos primas de allá que no se conocían, sino que se vieron por primera vez en mi casa. Os podéis imaginar la emoción de ver cómo se conecta lo que estaba desconectado.

Es probable que Anne Ancelin no sepa que gracias a su estímulo me encontré con la pieza del rompecabezas que faltaba ya que mi cuerpo estaba transportando la memoria de lo que anhelaba mi abuelo cuando se despidió de los suyos allá por 1911 y pude ver, hacerme a una idea, honrar, dejar lo que les pertenece, valorar, respetar y mirar dignamente el destino de los que me precedieron.

Por mi parte, en esta despedida, solo puedo dar infinitas GRACIAS y que el caminar en el más allá le permita ver cuántos corazones se han armonizado y cuánto destino se ha descubierto, al fin.

Descanse en paz.

En determinadas circunstancias, las realidades de la vida son tan difíciles que los padres deciden callarlas. En la primera generación, es algo indecible; en la segunda, un secreto de familia; en la tercera, se convierte en un impensable genealógico, es decir, que ni siquiera se puede pensar”.

– Schützenberger, A.A. (2005). La Voluntad de vivir. Buenos Aires: Editorial Omeba

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