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Psicogenealogía
17 Jul 2017

Una familia constelada: Psicogenealogía (2a parte)

Hace una semana publicamos la primera parte de la biografía de Virginia Woolf, de la mano de nuestra docente, terapeuta en DBO y especializada en psicogenealogía, Diana París. Si no lo pudiste leer, aquí te facilitamos el enlace. El siguiente artículo es la segunda parte que nos servirá para adentrarnos un poco más en su vida y observar la importancia de mirar también la enfermedad desde la Psicogenealogía.

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Virginia Woolf (der.) y sus hermanas

Ambas ramas del clan al que llega Adeline Virginia Stephen, conocida como Virgina Woolf, sufren desequilibrios mentales. Depresiones, intentos de suicidio, trastornos de personalidad, reclusiones psiquiátricas. Por el lado paterno, el jefe de clan, Leslie Stephen, padeció desesperanza (“ataques de los horrores”) y su hija Laura Stephen sufrió internaciones psiquiátricas muy duras en sus 35 años de vida. La hermana mayor de Virginia, Vanessa, tuvo sucesivas recaídas de depresión, y la perturbación melancólica que se agudizó en 1937 tras la muerte inesperada de su hijo. Su hermano menor, Adrian, de profundas etapas de inestabilidad emocional en la juventud, optó por el  psicoanálisis como profesión, un modo de reparar los fantasmas.

En 1895, cuando Virginia tenía 13 años, Julia Stephen muere de gripe. Fue a partir de ese momento cuando Virginia desencadena aquel programante de muerte vivido en el útero materno. Recordamos que Julia sufre de depresión por la muerte de su hermana durante el embarazo de V.W. Empezó a sufrir síntomas de una periódica enfermedad mental que la revisitaría –más agudamente o menos visible– según las épocas pero casi sin interrupción. Tiene un ataque esquizofrénico en abril de 1897 que la obliga a aislarse, descansar y –solo por algunas horas al día–  tiene permitido leer y escribir. Dejó sus testimonios en el Diario que continuó a través de los años: “… la vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene!”

V.W. atravesó otros eventos tumultuosos para su psiquismo. Tras la muerte inesperada de su madre, perdió a la “segunda madre”: su media hermana Stella (muere durante la luna de miel de peritonitis) en 1896.

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Toby Stephen

Este desequilibrio en el seno del hogar aceleró las depresiones de Leslie, el padre, quien muere en 1904. Dos años más tarde la tragedia familiar aumenta con la muerte del joven Thoby a los 26 años, ese hermano disputado por el amor de Vanessa y de Virginia. En la intemperie de tal desolación, Virginia queda desprotegida por completo: padece el abuso sexual de sus dos medios hermanos  –hijos del primer matrimonio de su madre: George y Gerald Duckworth– sin capacidad para pedir auxilio: “Recuerdo el contacto de su mano debajo de mis ropas, avanzando firme y decidida cada vez más abajo. Recuerdo que yo esperaba que se detuviese de una vez, que me iba poniendo más tensa y me retorcía a medida que la mano iba aproximándose a mis partes más íntimas. Pero no se detuvo. Recuerdo que me sentí ofendida, que no me gustó”, escribió años después evocando su aversión al sexo, los espejos y la soledad.

Todos estos hechos, más o menos soportables por el resto del clan, afectaron irremediablemente a Virginia. Nada alcanzó para sostener su precaria estabilidad emocional.

En 1904, luego de la muerte de su padre hace el primer intento de suicidio. Los textos que ha dejado nos dan apoyo en la interpretación de los hechos: comenzó a escuchar que los pájaros cantaban en griego, que la urgían actuar sin cordura y percibió al rey Eduardo VII espiando entre las flores del jardín, usando un lenguaje procaz e incomprensible. Y –en ese estado- de consternación y extravío se lanzó en vuelo con los pájaros que la aturdían.

De acuerdo a la Nueva Medicina Germánica sostengo -apoyada en la teoría del doctor  Ryke Geerd Hamer- que V.W. sufrió una  constelación esquizofrénica de vuelo en su  búsqueda de alivio, arrojándose por la ventana. Virginia estaba constelada y en un fuerte estado de estrés. La bipolaridad de Virginia, diestra de acuerdo al criterio de lateralidad, seguramente tenía acentuado en el lado izquierdo (lado maníaco) cuando intenta el suicidio. Ejemplos clínicos demuestran que esos actos suceden durante la fase de salida de la depresión. Quienes están en esta  “constelación de vuelo”  pueden lanzarse desde un puente, un precipicio,  una ventana, o se elevan del piso y se ahorcan.

memorias transgeneracionales

Sin duda su carácter de escritora nos permite además situar la dolencia de V.W. dentro del cuadro de  constelación mito-maniaca-depresiva  donde se observa una gran dificultad para diferenciar entre verdad y ficción. Por testimonios de Leonard Woolf sabemos que su mujer osciló entre profundos silencios (o constelación autista) a un estado de exaltación propia del habla psicótica: exageración verbal, rapidez en el habla, mentiras evidentes, todos signos de lo que conocemos como un “mito-maníaco”.

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Virginia y Leonard Woolf

Cuando el conflicto en el hemisferio izquierdo (lado maníaco) se encontraba acentuado, el estado autista manifestó un comportamiento “activo” con una hiper- productividad en su propio mundo. Típica constelación de artistas, científicos y escritores de ficción donde se combina la constelación mito- maníaca.

Y completando el cuadro, sabemos que Virginia tuvo largas temporadas de vivencia de asco a la comida. Su anorexia (ligada al rechazo de su cuerpo, los espejos y los eventos traumáticos de abusos que vivió en la adolescencia). Hay testimonios de su marido relatando la angustia de darle de comer pacientemente como a un niño, en la boca, mientras ella rechazaba toda ingesta.

Finalmente, la etapa de “pájaros que cantan en griego” y las voces que la acucian al final de su vida nos indica su  constelación esquizofrénica auditiva que reactiva la ausencia/presencia de su madre.

Muchos trastornos para un alma sensible. Fue internada en una casa de reposo  por más de 4 meses. El graznido se metamorfosea a voces humanas: “solía escuchar voces que me decían que hiciera todo tipo de locuras“, escribirá una vez  ya repuesta, y  la  “cabra” caía en abismos de sin-palabras y saltaba a cumbres borrascosas de expresiones  irreverentes: era incómoda en sus actitudes y se mostraba “diferente” a lo esperable para una mujer de clase acomodada, muy salvaje para ser de la alta sociedad londinense.

Desde esa bestialidad elige al misterioso hombre “lobo” como marido. La boda fue a poco de cumplir los 30 años, el 10 de agosto de 1912. Se ilusionaron con “una vida normal”, pero a  los pocos meses de casada  –en el año 1913– la situación no presenta grandes cambios: ingiere una dosis fatal de somníferos, es su segundo y fallido intento de suicidio.

En 1915 publica su primera obra,  El viaje final, obra casi premonitoria del episodio que resolverá el fin de la ruta cuando se suicide 28 años después… Tanto que en la carta de despedida a su marido insertará párrafos de esta novela inicial. Tanto que podemos leer un viaje imposible de ir hacia adelante porque el pasado transgeneracional la captura irremediablemente.

Las oscilaciones de ánimo se repiten –tal se registra en sus propios Diarios–  y en 1915 su marido se ve obligado a ingresarla por su vehemencia verbal y alteración violenta de sus actos. Sin embargo,  contra los más funestos pronósticos, Virginia “muere y renace”.

Inicia una etapa de cierta placidez y armonía. Crearon una editorial, The Hogarth Press,  y padecieron juntos el peso de la existencia: él acompañando las crisis de ella más fuertes en los primeros años de casados; ella refugiándose en la escritura para huir ya del abatimiento, ya de la euforia.

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Virginia Woolf

Leonard la quiere como es: bipolar, ansiosa, anoréxica, retraída, exagerada, feminista, bisexual, excéntrica… Y la espera. Efectivamente, por 20 años (1916-1936) la vida parece ordenarse, mantiene un equilibrio considerable, escribe con pasión, es productiva, funda una editorial, ostenta relaciones ambiguas, se enamora de la artista Vita Sackville-West con quien mantiene una relación amorosa, sin abandonar a su marido.

Será en 1941 -a poco de empezar la II Guerra Mundial- que regresan sus voces y la perturbación se hace intolerable: el viernes 28 de marzo se ahoga en las aguas de un río. Se había hecho cargo de su insanía: “…Como experiencia, la locura es aterradora, no se la debe husmear; y es una lava, en la cual aún encuentro la mayoría de las cosas acerca de las que escribo… a mi edad y con mis costumbres ¿cómo voy a adaptarme a las maneras del mundo? No paraban de caerme horquillas del pelo en la sopa: las chupaba y me las volvía a colocar”. Y en la carta de despedida que deja a su marido antes de suicidarse escribe “Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar”.

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Diana Paris
Terapeuta y Docente EDBO. Coordinadora de la Formación EDBO en Uruguay. Lic. en Letras, escritora y psicoanalista especializada en análisis Transgeneracional y Resiliencia.
Autora de los libros de psicogenealogía: Secretos familiares y de Mandatos familiares, ¿qué personaje te compraste?

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún otro tratamiento médico o sanitario.

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