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memorias transgeneracionales
10 Jul 2017

Memorias transgeneracionales: El nombre astillado (Primera parte)

Artículo de Diana Paris, docente del taller Memorias Transgeneracionales en Buenos Aires y Colonia (Uruguay). Recoge la vida de la conocida escritora británica Adeline Virginia Stephen, más conocida como Virginia Woolf para hablarnos de cómo nos pueden condicionar las memorias transgeneracionales en nuestra vida.

Cuando Adeline nació el 25 de enero de 1882, era la 4° Adeline del clan. Un clan con serios trastornos mentales, una “tribu” melancólica, depresiva, genial, creativa y alienada…

Allá lejos, en 1793, su bisabuela Adeline había sido la matriarca del grupo. Fue una mujer prolífica y elegirá ponerle su mismo nombre a la primera de sus ocho hijas: Adeline, nacida en 1812. La quinta de esa generación será María, (1827-1910) que con más de diez años de diferencia entre una de otra,  verá a su hermana mayor “como a una madre”.

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Julia Stephen con Virginia (1884)

A su vez, María tendrá tres hijas: a la primogénita le vuelve a tocar el nombre Adeline (de su tía y de su abuela) y como segundo nombre, María (como su madre). Nacida en 1837 recoge el homenaje a sus antepasadas y reúne emociones que desdibujan los roles: son hermanas/madres. La seguirán Mary (1840) y Julia (1846).

Por fin llegamos a los finales del siglo XIX a la madre de la mujer que nos convoca en este texto: Julia Jackson. Casada en segundas nupcias con el historiador, filósofo, alpinista y editor  Leslie Stephen (1832), conciben cuatro hijos: Vanessa  (1879), Thoby (1880), Adeline Virginia (1882) y Adrian (1883).

Nos detendremos en la tercera hija de un matrimonio que recoge el nombre ancestral en una situación especialmente dramática, la de dos seres que se reúnen para apaciguar sus duelos sin resolver: ambos –Julia y Leslie- vienen de llorar las muertes de sus respectivas parejas anteriores. Ambos habían tenido hijos (ella, a George, Stella y Gerard Duckworth; él había concebido con su primera esposa a Laura Stephen, (que vivió prácticamente su vida recluida en internados psiquiátricos).

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Esta boda -de 1878- los une para reparar heridas, que sin embargo no alcanzan a curar con los años. Se unen dos linajes de dolor y depresión, de trastornos mentales y suicidios. Los dos viven sumidos en un ambiente de pesadumbre emocional, con bajo compromiso familiar, en actitud de huida (él en “su torre de cristal” escribiendo, ella dedicando sus esfuerzos para tapar su propio dolor auxiliando a otros, trabajando como enfermera).

Cuando Julia cursa el final de su embarazo, muere “de melancolía” su amada hermana mayor, Adeline, la nacida en 1837, con apenas 44 años; su madre María Jackson la sobrevive aún 10 años. Para Julia, de casi nueve meses de embarazo, es la vivencia de la orfandad. Corren los últimos días de diciembre de 1881 y Julia ya tiene fecha de parto. En ese estado de desánimo y sufrimiento, en eco con la generación anterior (una hermana mayor que funciona de “madre” y repite el nombre), honrará la memoria de esa tía/”abuela” que la niña, que nace en el invierno londinense de 1882, no conocerá, pero de quien recogerá sus “males de humor”, “su bilis negra” de melancolía severa (Amplia información en mi artículo Lo Aprendido de la Tribu.) Le ponen por nombre Adeline Virginia. Y será la encargada de “cortar” la estirpe de depresión, sin dejar descendencia.

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Virginia Woolf

Pero en el camino  –hasta que alcance los 59 años y ponga fin a su existencia un 28 de marzo de 1841 arrojándose al río Ouse con los bolsillos del abrigo llenos de piedras–  se olvidará  del nombre que arrastra generaciones de desesperanza familiar y  fatalismo metafísico, usará el segundo nombre –Virginia-, se fastidiará (y reirá) del apodo que le ponen sus hermanos: “la cabra”(seguramente no sabían que en el apodo de sus travesuras estaban mencionando el origen de la palabra “tragedia” que en griego significa: “el canto de la cabra”, misterios del lenguaje que el inconsciente conoce). Además, Adeline soltará el apellido Stephen y adoptará cuando se case el apellido de su marido; será conocida como Virginia Woolf.

Si quieres liberarte de las Memorias Transgeneracionales limitantes, puedes participar en nuestros talleres. Visítalos aquí: 

Buenos Aires  –  Colonia Valdense

Diana Paris
Terapeuta y Docente EDBO. Coordinadora de la Formación EDBO en Uruguay. Lic. en Letras, escritora y psicoanalista especializada en análisis Transgeneracional y Resiliencia.
Autora de los libros de psicogenealogía: Secretos familiares y de Mandatos familiares, ¿qué personaje te compraste?

Aclaración: La Descodificación Biológica es un acompañamiento terapéutico complementario, no sustitutivo de ningún otro tratamiento médico, que el cliente escoge libremente como método terapéutico de acompañamiento emocional. Debe aclararse que La Escuela de Descodificación Biológica no da consejos médicos ni recomienda finalizar ningún otro tratamiento médico o sanitario.

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